Las derrotas electorales suelen ser traumáticas para las agrupaciones que las sufren, pero no imaginábamos que a un día de haber asumido el mando Ollanta Humala se produjera el desmadre que hemos visto en las dos agrupaciones parlamentarias más importantes después de Gana Perú, es decir, en Fuerza 2011 y Perú Posible.
Lo cierto es que el oficialismo tiene hoy en día un aliado frágil, que difícilmente le otorgará la mayoría que requiere, pero en compensación tiene a quienes se suponía iban a ser sus más radicales opositores enfrascados en deleznables disputas mediáticas, con su lideresa Keiko Fujimori demostrando que no manda sobre sus huestes.
Se suponía que la Alianza por el Gran Cambio, particularmente el PPC, iba a ser en determinadas circunstancias el fiel de la balanza. Pero la actuación política de los fujimoristas y los toledistas le ha otorgado un upgrade automático que le puede permitir convertirse en un actor protagónico en los siguientes cinco años legislativos.
A este paso, quien asuma la dirigencia del PPC en los próximos comicios internos que tendrá, puede ser más importante que Alejandro Toledo o que Keiko Fujimori en el aseguramiento de la gobernabilidad.
Por supuesto, se espera que en dicha elección partidaria se produzca una efectiva renovación. Si asumen las riendas del partido de Bedoya Reyes los mismos de siempre, pues a otra cosa. Que, por el contrario, personajes como Alberto Beingolea o semejantes asuman cargos mayores le haría bien no solo al PPC sino, dadas las circunstancias, al Congreso en su conjunto.
Los operadores políticos de Ollanta Humala ya deberían estar muy atentos a lo que ocurra al respecto. No pueden soslayar que el peruposibilismo está herido y tardará en recuperarse, y que el fujimorismo no será el polo opositor dialogante y monolítico que se esperaba (será radicalmente distinto al que actuó en el quinquenio alanista).
Salvo los tics estatistas o populistas anunciados –que felizmente no son lo esencial en la propuesta de gobierno humalista-, el gobierno ha presentado un plan sensato y viable. Sería lamentable que termine afectado por las menudencias y mezquindades que hemos visto en las dos principales tiendas políticas ajenas, la aliada y la opositora, Perú Posible y Fuerza 2011. No le vendría mal a Humala mirar más atentamente y tender puentes hacia agrupaciones como APGC y en particular hacia el socialcristianismo.
Puede encontrar allí acuerdos o discrepancias de fondo. Pero sea que conduzca a una alianza o a un planteamiento opositor constructivo, parece quedar claro que al menos podrá entablar niveles de diálogo menos contaminados por la farandulesca actuación de quienes se pensaba iban a ser de acá al 2016 los pesos pesados de la política fuera de la esfera gubernativa.
Juan Carlos
Tafur