El mayor error del juramento de Ollanta Humala, en el cual hizo referencia a la Constitución del 79, es que ha puesto el centro del debate en estos días en el lugar incorrecto.
Sin lugar a dudas, las credenciales éticas de la Carta Magna del 79 son superiores a las del 93. Debe recordarse, inclusive, el gesto de entonces, cuando el dictador Morales Bermúdez la devuelve para que sea modificada y la Asamblea Constituyente en pleno se niega a ello, insistiendo en su texto original.
Pero ambas, a su manera, fueron propiciadas para poder salir “ordenadamente” de respectivos estados de facto. Y nos parece claro que en varios aspectos la del 93 es superior a su antecesora, sobre todo en materia económica.
Si a partir del juramento presidencial se desprende la idea de que hay aspectos a cambiar de la actual Constitución, pues el camino está trazado. Que se planteen cuáles son ellos y se sometan a la ruta legal que corresponde.
¿Pero es esto parte sustantiva de la preocupación de los peruanos? ¿Los ciudadanos que votaron por Humala se darán por bien servidos ante un simple gesto verbal? Creemos que no. Es más, dudamos que la mayoría sepa cabalmente de qué se está discutiendo.
Lo que la gente espera del nuevo gobierno es que resuelva problemas muy puntuales. Que construya un sistema de salud digno y asequible a todos, donde no haya ciudadanos que se mueran por una mala atención en los hospitales del Estado o de EsSalud. Que se acelere la reforma educativa y se logre construir una educación pública mínimamente competitiva.
Que los programas sociales no sean solo asistenciales y que sirvan para generar una más rápida eliminación de la pobreza. Dotar de infraestructura básica a las zonas más pobres es una prioridad urgente (luz, agua, caminos rurales, escuelas de buen nivel, postas equipadas, etc.).
Que el Poder Judicial y el Ministerio del Interior dejen de ser antros de corrupción, y que, por ende, haya justicia y se logre devolverle al país el estado de seguridad necesario para una sociedad civilizada.
Que el Estado deje de ser el monstruo ineficaz que traba cientos de miles de iniciativas, que se le reforme radicalmente, convirtiéndolo en un ente moderno y expeditivo en todas sus instancias (y no es esta una tarea sencilla, requiere un comando unificado, con metas claras y, sobre todo, recursos).
En suma, el país quiere escuchar cómo va a hacer Humala para lograr que el crecimiento no esté reñido con la inclusión social. Si el gran debate va a ser respecto de las Constituciones del 79 o del 93, la gran transformación va camino a convertirse en la gran desilusión.
Juan Carlos
Tafur