La Columna del Director | 07-08-2011 | Juan Carlos Tafur
Está demostrado que la mayor parte del turismo que se hace en el Perú está vinculada a nuestro patrimonio arqueológico. Machu Picchu es, sin duda, la mejor demostración de ello.
Si, en esa medida, el Gobierno y el Ministerio de Cultura se pusiesen como meta poner en valor buena parte de otros centros arqueológicos existentes en el Perú, se lograría generar destinos de interés y seguramente no pasaría mucho tiempo para que el propio mercado genere una demanda suficiente para que se establezcan rutas aerocomerciales hacia esas zonas.
Si la fortaleza de Kuélap, en Chachapoyas, tuviese una inversión que la ponga en el mapa -lo que pasa, por ejemplo, por mejorar el acceso y establecer un sistema de guías calificados-, no nos cabe duda alguna de que su monumentalidad podría disputar la atención del turismo extranjero y nacional.
Si Chavín de Huántar promocionase su flamante Museo de Sitio, si se reconstruyese la carretera que conduce a ella –hoy en estado calamitoso-, si al igual que Kuélap, contase con servicios culturales adjuntos (guías, mapas, etc.), de hecho incrementaría el interés por un monumento de mayor valía arqueológica que nuestra séptima maravilla del mundo. Y por su cercanía a Huánuco Pampa, las construcciones incas más importantes existentes fuera de Cusco, el círculo se cerraría perfectamente.
Si las ruinas incas de Vilcashuamán mereciesen igual inversión, si ir allá desde la ciudad de Huamanga no demorase siete horas sino dos, construyendo una carretera que sustituya a la trocha que hoy existe, no nos cabe duda alguna de que las visitas a Ayacucho aumentarían notablemente, más allá de las visitas a las iglesias coloniales de la ciudad (las que, dicho sea de paso, están prácticamente abandonadas).
Si el templo chanka de Sondor, en Andahuaylas, a donde sí es fácil acceder, tuviese en el lugar la parafernalia turística mínima (folletos, guías, etc.), y el mantenimiento adecuado, ocurriría exactamente lo mismo.
En todos los lugares mencionados existen aeropuertos. Algunos necesitan una fuerte inversión para poder recibir aviones de tamaño adecuado, pero la infraestructura básica ya existe.
Chachapoyas, Huaraz, Andahuaylas y Ayacucho son lugares que hoy las grandes aerolíneas no cubren porque no son comerciales. ¿En ellos se está pensando a la hora de lanzar la peregrina idea de crear una aerolínea estatal que cubra las rutas que ni LAN ni Taca, ni Peruvian Airlines ni Star Perú cubren?
Con menos de lo que se necesitaría para formar dicha empresa se puede poner en valor, reiteramos, los destinos turísticos mencionados. El propio mercado no tardaría en hacer lo que, suponemos, el Gobierno pretende.
Y si la prisa es la que aconseja dicha iniciativa, pues inclusive hay caminos más sensatos, como, por ejemplo, asegurar con subsidios una cuota mínima de pasajes y subastar las rutas entre las aerolíneas que ya operan en el mercado. Todo ello, sin hacer que el Estado se dedique a lo que demostradamente hace muy mal, como es hacer empresa. El ministro de Transportes es empresario. Ojalá logre hacer sentir su voz al interior del nuevo gobierno y lo haga recapacitar de un despropósito.
Juan Carlos
Tafur