No creemos que haya otra manera de resolver el problema de la seguridad ciudadana, en lo que corresponde a la labor policial, como no sea retirando sin tutías a todos los policías corruptos.
¿Cómo identificarlos? No es difícil. Basta convocar a no más de una decena de agentes sobre los cuales no haya sospecha de su probidad y, sin duda, ellos sabrán indicar a las manzanas podridas. Se tendrá que hacer con las cautelas procesales que impidan, por cierto, que luego una avalancha de amparos judiciales termine por hacerlos regresar, pero nos queda claro que nada que se haga en la esfera policial va a caminar sostenidamente mientras sigan ejerciendo funciones aquellos que vienen pecando casi desde los inicios de su carrera.
Hoy publicamos una entrevista a Freddy Vicente Montes, quien ha sido Director General de Asunto Interior del Ministerio del Interior (MINTER). Él señala que el 85% de la policía nacional es corrupta. Cifras de terror que deberían hacernos reflexionar sobre la verdadera naturaleza de la reforma que requiere la institución.
Se genera sobresalto por la suspensión temporal de la erradicación de los cultivos de coca en una zona del país. Nos preguntamos si efectivamente alguien cree que la erradicación es la principal solución al problema del narcotráfico. ¿No sería más eficaz controlar efectivamente que los insumos químicos con los que se elabora la pasta básica y la propia cocaína no lleguen a destino, o hacer inteligencia respecto de los proveedores? Se sabe, por ejemplo, que por el puerto de Paita –como por muchos otros- sale un porcentaje inmenso de la cocaína. ¿Por qué jamás se ha hecho un operativo y capturado a los capos que ya operan en ese eslabón de la cadena productiva de la droga? La respuesta es sencilla. El narcotráfico corrompe a la policía y se pone a buen recaudo.
Si ello se hiciera, además, se rompería la cadena que vincula a los cocaleros con los narcos. O, en el peor de los casos, encarecería tanto el circuito que recién entonces la posibilidad de hacer más rentables los cultivos alternativos se convertiría en una realidad factible.
¿Por qué, por ejemplo, no se levanta el secreto bancario de los oficiales de la policía, muchos de los cuales poseen propiedades imposibles de ser adquiridas con los sueldos que reciben? ¿Alguien ha hecho alguna vez un rastreo de los activos familiares de los hombres de uniforme? Jamás, que sepamos.
El gobierno debe buscar los mecanismos legales –declarar en emergencia el sector Interior, quizás- para poder proceder a una poda masiva. Un policía corrupto no se va a redimir jamás. Y si no se extrae ese cáncer de la institución, de poco o nada servirá ninguna reforma que se plantee. Y la seguridad ciudadana jamás será resuelta si una de las patas principales del problema es víctima de la podredumbre generalizada que apreciamos.
Juan Carlos
Tafur