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Jueves 17 de Mayo del 2012

La Columna del Director | 21-08-2011 | Juan Carlos Tafur

Cipriani aún no puede celebrar

La ofensiva va con todo y ya desnudó sus pretensiones: lo que Cipriani quiere no es solo una presencia en las decisiones patrimoniales de la Pontificia Universidad Católica del Perú. La reciente ordenanza vaticana –que va en paralelo y no tiene nada que ver, por cierto, con el litigio que la PUCP y el Arzobispado siguen-, que sin duda ha sido coordinada con él, pretende el paulatino control de los contenidos académicos y la plana magisterial de la universidad.

 

Ayer, la derecha oligofrénica celebraba con bombos y platillos que, por fin, se iba a reconquistar el actual “centro de envenenamiento comunista y caviar” que es la PUCP y que la razón (¿?) iba a retornara sus fueros. Algunos ya alucinaban con despidos masivos, con la suspensión de referencias a Marx, a Freud, a Nietzsche, con la eliminación del arte abstracto y, por supuesto, los desnudos tan ofensivos a la majestad eclesial, que son parte de la formación en la carrera de Artes Plásticas. Y demás bestialidades por el estilo.

 

La verdad es que las cosas son menos dramáticas. La PUCP ha tomado la ordenanza vaticana como corresponde, como una sugerencia. Y en un mes, la Asamblea Universitaria decidirá si procede o no, de acuerdo a las leyes del país. Y ha subrayado con justicia que la universidad “no es propiedad eclesiástica”. La PUCP se rige por sus propios estatutos, no es un ala de la Nunciatura Apostólica.

 

Quien escribe ha estudiado en la PUC y sigue haciéndolo en una Maestría. Y puede atestiguar que la pluralidad es un principio rector en ella. La discusión y la discrepancia son bienvenidas. Reina un espíritu universal en la base misma de su estructura.

 

Es verdad que algunas carreras han sido erróneamente copadas por profesores de una misma línea ideológica (Ciencias Sociales, fundamentalmente, la Maestría en Ciencias Políticas, etc.) y ojalá este remezón, del cual esperamos la PUCP salga airosa, sirva para que se reconsidere lo que, más que un afán de monopolizar mentalidades en el alumnado, parece haber sido resultado del lamentable amiguismo entre colegas. En todo caso, no es el tenor general de la inmensa mayoría de carreras que la institución ofrece.

 

Algunos abogados señalan que la PUCP corre el riesgo de perder su carácter de Pontificia. La verdad es que nos permitimos sugerir que, sin esperar a dicha “sanción”, la universidad misma se desafilie de tal condición. El Vaticano, ya desde Juan Pablo II, ha optado por una línea ultraconservadora que probablemente durará lo que resta del siglo. Y ese espíritu, afanoso por resucitar tiempos pasados y en estos tiempos efectuar una “extirpación de ideologías”, marcha en sentido contrario de lo que se espera que sea una universidad.

 

En todo caso, la batalla continúa. Los que ya estaban desempolvando sus capuchas inquisitoriales deberán guardarlas. Lo que sí esperamos es que el actual gobierno –que tiene alguna incidencia en el tema por su influencia en órganos judiciales y constitucionales- sepa guardar distancia y no tomar partido, como lo hizo Alan García, a favor de una de las partes.

 
Juan Carlos
Tafur

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