En el Perú, de cada cinco proyectos periodísticos escritos que aparecen, solo uno sobrevive a la primera semana de haber surgido. Un mercado saturado en términos de publicaciones, pero, sin embargo, monocorde respecto del poder, nos animó hace un año exactamente a empezar esta aventura editorial.
Hoy podemos decir con orgullo y satisfacción que, contra más obstáculos de los que deberían existir, estamos aquí en pie, preparando la consolidación del proyecto inicial.
Sirve la ocasión para celebrar, pero inevitablemente debemos recordar estos doce meses como un proceso en el cual hemos comprobado en carne propia la precariedad de la libertad de prensa en el país.
Haber sido críticos del gobierno anterior nos costó sufrir los ataques calculados del poder. Que han ido desde amenazas directas de ujieres palaciegos a la empresa que nos imprime para que deje de hacerlo (cuando sacamos a luz el bochornoso incidente de la cachetada presidencial) hasta indicaciones ni siquiera sutiles a algunos grupos empresariales privados haciéndoles saber que el Presidente no vería con buenos ojos que anunciaran con nosotros, pasando, por supuesto, por el veto total de las instituciones públicas de colocar avisaje en Diario16 (mientras, al mismo tiempo, publicidad millonaria en medios que le eran instrumentales a su objetivo de gozar de paz periodística durante todo su mandato).
Y no podemos dejar de mencionar el abierto sabotaje digitado desde el poder, y a través de un grupo editorial importante, de la circulación del diario. Salimos al mercado con el 40% del circuito de quioscos bloqueados por caprichos que ahora sabemos que obedecían a razones subalternas, producto de la perversa coalición de un mercado que se quiere cerrar a la libre competencia y de un régimen que supo usar todas sus malas artes para intentar sacarnos de las calles.
Contra todo eso hemos tenido que luchar para llegar a este primer año. Las circunstancias señaladas nos obligan, por ello, a celebrar y denunciar al mismo tiempo las inmensas dificultades que existen en el país para que el periodismo se ejerza con plena libertad, cuando tiene frente a sí a un poder –felizmente ya ido- que pretendía decidir, a su antojo, quién debía o no tener voz en el país.
A pesar de ello, aquí estamos, con el mismo ánimo de tratar de hacer un periodismo independiente y crítico. Tarea que, por cierto, hubiese sido imposible sin el valioso equipo de periodistas, columnistas y trabajadores del diario, que sumados a colegas amigos, han permitido que tengamos la lealtad incólume y creciente de nuestros lectores.
Confiamos en que el futuro será diferente y apostamos por ello, con igual convicción a la de los primeros días, por la consolidación y expansión del proyecto inicial. No tenemos tiempo para guardar rencor porque sabemos que el oficio, lamentablemente, es así en un país como el nuestro. Queremos decir con todas sus letras los pormenores infames de cierta prensa y cierto poder, capaces de coludirse contra los principios democráticos que fariseamente dicen defender. Pero por encima de ello, este año azaroso no nos hace olvidar que el primer sentimiento que albergamos es el de gratitud a todos los que nos han permitido llegar hasta acá, con capacidad de mirar el futuro con optimismo.
Juan Carlos
Tafur