La Columna del Director | 30-08-2011 | Juan Carlos Tafur
A ocho meses de la toma de mando de Susana Villarán como alcaldesa de Lima y poco más de un mes del inicio gubernativo de Ollanta Humala, solo una mirada mezquina podría denunciar que en ambos casos se ha conducido al descalabro o al desgobierno.
Humala está sabiendo conciliar pareceres y pautas ideológicas diversas. Y respetando su propia identidad ha echado a andar un gobierno nacional. Le falta aún precisar sinfín de detalles y aceitar plenamente la maquinaria. Ha cometido, por cierto, diversos errores, pero en líneas generales ni el más recalcitrante de sus enemigos puede enarbolar que tenía razón respecto de las aprehensiones tremendistas que le endosaron durante la campaña.
Lo mismo sucede con Villarán. También le resta afiatar un equipo tecnocrático que combine la necesaria visión política del mandato edil que la lideresa de Fuerza Social quiere imprimirle a su gestión, con actos concretos que transmitan a la población la sensación de trabajo que, sin duda, realiza. Pero muestra una opción seria, honesta y sensata respecto de la tarea encomendada por los electores limeños.
Ambas son muy buenas noticias para el país. El monopolio que quería ejercer una derecha retrógrada, que pasaba por la extirpación de cualquier atisbo de pensamiento de izquierda, ha fracasado. Las urnas le dieron la espalda a un modo de ver la política y la economía que iba a conducir al país no al salto eufórico hacia el desarrollo acelerado o la modernidad económica, sino, muy probablemente, a su explosión.
Que la izquierda, tanto en su gestión presidencial como municipal, demuestre sensatez y mesura, es, por el contrario, la mejor cosa que le pudo haber pasado al país para lograr precisamente que esa modernidad y ese desarrollo se asienten en cimientos sólidos, difíciles de mover en el futuro.
Confiamos en que ambas gestiones sabrán corregir los eventuales errores y carencias que aún revelan. Nada hay en lo dicho o actuado por Humala y Villarán que haga temer un salto al vacío o un golpe de timón desesperado hacia fórmulas populistas que degraden lo avanzado en las últimas décadas. Lejos de ello, han sabido entender que el mercado y la democracia son valores consustanciales, que deben ir de la mano.
Solo queda esperar que la derecha aprenda la lección y abandone de una vez por todas el ánimo desestabilizador que a través de algunos de sus medios de comunicación aún respira. Una cosa es una mirada vigilante y crítica, y otra, muy distinta, el pernicioso espíritu conspirativo que lamentablemente todavía subsiste, aunque cada vez, hay que felicitarse por ello, de modo más aislado y menos influyente.
Juan Carlos
Tafur