La Columna del Director | 02-09-2011 | Juan Carlos Tafur
1.- Aún no salimos de nuestro asombro, luego de escuchar a una oyente de Radio Capital que intervino en un programa donde se planteó el tema de si debía o no mantenerse las rejas. Puntualmente, mencionamos el caso de San Isidro donde un sinfín de parques que están rodeados por casas o edificios y que antaño tenían accesos públicos, simplemente habían sido cerrados por los vecinos. Están cerrados no solo a cualquiera que no viva en la zona colindante sino, lo que es peor, sus áreas han sido reservadas para su uso no solo paisajístico sino hasta recreativo por parte de tales vecinos que organizan allí fiestas infantiles, parrilladas y demás.
Este es, sin duda, un caso flagrante de una apropiación indebida de espacios públicos en claro beneficio privado. Y, como tal, debe ser impedido. La Municipalidad de San Isidro debería abrir las rejas y disponer el libre acceso de todos. La llamada a la que aludimos fue amable y sincera, pero no por ello, devastadoramente discriminatoria y preocupante. Casi textualmente nos indicó que se debería entender que los sanisidrinos eran, pues, gente muy civilizada, que cuidaba mucho el ornato y que, además, pagaba altos arbitrios para el cuidado de esos parques. “No va a venir, pues, señor Tafur, gente de Lince o de sitios así y hacer cosas que vayan en contra del espíritu del distrito”. Así de claro y directo. Racismo, clasismo, discriminación monda y lironda, ya no solo restringida a un eventual espacio privado sino en lo que forma parte del espacio ciudadano colectivo. Parafraseando a Orwell, todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros.
2.- Faltan palabras para ponderar el esfuerzo que ha hecho Apega y sus directivos, en particular Gastón Acurio, por darle valor agregado a la gastronomía y, lo que es más importante, junto con ella, al Perú. Parte de ese esfuerzo pasa por la organización anual de Mistura, que los últimos años se realiza en el Parque de la Exposición.
Por dos o tres meses, un espacio público que visitan cerca de ochenta mil personas al mes, como lugar de esparcimiento, es tomado para un esfuerzo que a la postre es privado. Y en ello se afecta el derecho de muchos. Desde los señalados visitantes, las instituciones allí instaladas –como el Museo de Arte de Lima-, los vecinos que sufren la congestión vehicular correspondiente a un evento cada vez más masivo y hasta el propio parque, que tiene un valor histórico a resguardar.
Nos alegramos que en este caso, como ya lo ha anunciado la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, este sea el último año que Mistura se llevará a cabo allí. Su propio crecimiento así lo impide, además, y será necesario buscar un espacio mayor. Villarán espera que estén concluidas las obras de encauzamiento del Rímac y las áreas verdes que se ganen serían un lugar perfecto para Mistura, pero igual queremos señalar este como un ejemplo más de acciones que, bien intencionadas sin duda, vulneran un derecho ciudadano que debe ser respetado por encima de cualquier interés privado, como es el uso de los espacios públicos para, como su nombre lo indica, todos los ciudadanos por igual.
Juan Carlos
Tafur