Hay mucho de histeria y poco de análisis en quienes ven en el reciente cambio ministerial un giro hacia la derecha o hacia la militarización del país. Declaraciones posteriores al recambio demuestran que el gobierno, por ejemplo, insiste en que el Estado participe en el gasoducto del sur, y que se sepa, no hay ningún atisbo de mayor poder militar. Habrá mano dura, sin duda, pero nos preguntamos si no es algo que muchos pedíamos para salir del festín de protestas sociales, muchas de ellas demagógicas y delictivas.
La izquierda ha perdido protagonismo, es verdad. Pero no por un giro ideológico, sino por un asunto de pragmatismo. Lamentablemente, como ocurrió en 1991 con Fujimori, la izquierda no ha podido armar cuadros tecnocráticos capaces de administrar el poder con actitud gerencial. No es lo mismo un escritorio ministerial que una mesa redonda en una ONG.
La derecha, por el contrario, sí puede exhibir ello. Particularmente, en el gabinete, la troika Castilla, Cornejo y Paredes demuestra solvencia y por eso se ha quedado. Y enhorabuena que así haya ocurrido. Pero junto a ellos se quedan Trivelli, Salas, de izquierda, pero con capacidad técnica.
No es, pues, un nuevo 5 de abril el que se ha asomado solapadamente. Decir o pensar ello es una absurda exageración propalada, qué casualidad, por quienes han salido de los reflectores: la izquierda y Perú Posible.
¿Que se viene un acercamiento con el fujimorismo? Quizás. Sabemos de buena fuente que es un tema que se baraja en algunos círculos del poder. Pero lo tremendamente paradójico es que quienes más lo temen están haciendo todo para empujar al gobierno a ello. Si la izquierda y Toledo rompen amarras con Humala por quítame estas pajas, pues a dónde creen que va a tener que buscar aliados el régimen para sostener la gobernabilidad.
Lo cierto es que el gabinete Lerner hacía agua por todos lados. Valdés proyecta, inclusive en términos formales, la presencia de un jefe de gobierno, que esperamos tenga la sensatez de aplicar la mano dura anunciada con inteligencia. Lerner parecía más el amigo de Humala que a regañadientes había aceptado el encargo ministerial.
En política, y más en el Perú, es casi imposible pronosticar desenlaces. Confiamos, sin embargo, en que lo sucedido supondrá una mejoría y no lo contrario. Pero lo que sí nos queda claro, reiteramos, es que el statu quo anterior al domingo no era sostenible desde ningún punto de vista.
Juan Carlos
Tafur