La presentación de ayer de Susana Villarán y su plana mayor de regidores y funcionarios ha sido contundente para poner en evidencia la campaña de mentiras que se les ha endosado.
Más del 70% del presupuesto total del 2011 ha sido gastado, más del 50% del referido a inversiones, de alrededor de medio centenar de obras dejadas inconclusas por la gestión anterior, solo dos han sido paralizadas por razones técnicas absolutamente razonables. Y respecto del presupuesto que le toca manejar como gobierno regional –que es ínfimo, por cierto- no ha podido gastar más porque las partidas recién le han sido trasladadas en noviembre.
Lo cierto, sin embargo, es que la administración edil de Lima va a tener que poner las barbas en remojo porque ha perdido la batalla política casi por walk over. Se ha dejado asfixiar por una campaña mediática sin mostrar respuesta. Y allí están las consecuencias, reflejadas en los bajísimos niveles de aprobación que exhibe en las mediciones de aprobación.
Ha jugado en su contra, de hecho, el haber iniciado su gestión en medio de la batahola electoral presidencial, circunstancia que acalló cualquier intento de actuar políticamente y reaccionar frente a la maquinaria de demolición. Pero no es excusa.
Susana Villarán ha tenido fallas comunicacionales groseras, pero más que eso, su error mayor ha sido desinteresarse por responder políticamente a la artillería. Y lo va a tener que hacer de ahora en adelante con especial ahínco.
No creemos siquiera que prospere la recolección de firmas para solicitar su revocatoria, pero ojalá esta tormenta sirva para despercudirla –a ella y a su equipo técnico- respecto de la necesidad de trabajar mediática y políticamente conforme al embate planteado.
Porque de lo que se trata es de destruir la posibilidad de que la izquierda demuestre que puede gobernar sensata y honestamente una ciudad o un país. Son los creyentes en el pensamiento único de derecha los que están detrás del objetivo de dar por sentado su fracaso. No toleran que haya una Villarán o un Humala manejando las riendas de los dos principales poderes ejecutivos del país.
Querían que el statu quo se mantuviese a toda costa. Y eso pasaba porque a Castañeda le sucediese Alex Kouri o Lourdes Flores, y que a García le tome la posta Keiko Fujimori o Pedro Pablo Kuczynski. Se quería que la juerga mercantilista continuase. Felizmente no lo lograron en la cancha. Se trata ahora de que no lo consigan en la mesa.
Juan Carlos
Tafur