Es justo que los comandos Chavín de Huántar reciban una condecoración suprema del gobierno. Se la merecen con creces. La operación militar que permitió el rescate de casi la totalidad de los rehenes que el MRTA mantenía en la residencia del embajador japonés es hasta hoy un ejemplo mundial de eficacia militar.
Creemos, sin embargo, que no basta con ello. Ninguno de los gobiernos que hemos tenido desde los 90 ha sabido honrar a todos los héroes, civiles y militares, que tuvimos en la guerra contra el terrorismo de Sendero Luminoso y el emerretista.
Es más, ni siquiera se conoce tales hechos. Sus acciones están en las sombras de la clandestinidad. Y no nos cabe la menor duda de que en los casi 20 años de guerra salvaje desatada por el terrorismo ha habido acciones cuyo heroísmo puede tener parangón con el de nuestros héroes tradicionales.
Eso hay que hacerlo público. Contar sus historias. Designar calles o parques con sus nombres. Enseñar sus hechos en los colegios. Mostrar a los peruanos que tuvimos héroes triunfales que impidieron que el Perú cayera en el peor de los horrores a los que se enfrentó en toda su historia republicana, debería haber merecido de parte de los gobiernos de Fujimori, Paniagua, Toledo o García una acción más decidida.
No es admisible que los excesos cometidos por algunos miembros de las fuerzas armadas o policiales deshonren o mancillen un hecho sobresaliente: que el triunfo contra SL o el MRTA ha sido el más importante de nuestra historia militar. Otros países, que sufrieron similares embates, o terminaron cayendo bajo las fauces del terror, o pagaron un precio infinitamente más alto o, lo que es más grave, siguen soportando ese drama, como es el caso de Colombia.
El 12 de setiembre debería ser declarado feriado nacional. Un día como aquel se capturó a Abimael Guzmán, dando inicio a la derrota final del senderismo. Y este año se cumple el vigésimo aniversario de su captura. Que los niños y jóvenes recuerden por siempre esa fecha sería un justo homenaje a todos los hombres de uniforme y civiles que salvaron al Perú. Bienvenidas las condecoraciones, pero creemos que la justicia histórica exige mucho más de parte del Estado peruano.
El antimilitarismo de cierta izquierda, desatado eufóricamente después de los 90, no nos puede arrebatar el sentimiento de dignidad que debiéramos albergar como peruanos por lo sucedido. Ni siquiera las justas investigaciones sobre los desbordes cometidos pueden trocar en vergüenza lo que debería producirnos un genuino sentimiento de orgullo.
Juan Carlos
Tafur