Ya de antemano nos parece tremendo error restituirle a Petroperú las funciones empresariales que antaño tenía. No obstante, sabíamos que eso formaba parte del plan de gobierno de Humala y que, de una u otra forma, no iba a renunciar a ello. Pero que, a pesar de no explotar nada desde hace más de veinte años, se la incluya en un convenio energético con Venezuela (¡va a trabajar en el Orinoco, ha dicho Chávez!), sin saber, además, cuál es la contraparte llanera (se menciona Bayóvar, el ducto del sur, la industria petroquímica, etc.) se acerca mucho a una decisión política altamente combustible.
No es PDVSA –la petrolera venezolana- la más indicada para asentar sus reales en el Perú. Lo peor es que ni siquiera hace falta que lo haga. La matriz energética peruana se ha desarrollado en las últimas décadas a punta de inversiones privadas que no han comportado riesgo alguno para los peruanos. Para cualquiera de los proyectos mencionados en el párrafo anterior se puede encontrar un inversionista privado o, inclusive, una empresa estatal extranjera interesados, pero que debería hacerlo a través de los conductos regulares de una concesión sujeta a concurso público y no a un acuerdo de gobierno a gobierno que fije a dedo al beneficiario.
Petroperú nos pertenece a todos. Y los dineros que invierta, igual. No es la plata de Ollanta Humala ni de Humberto Campodónico, su presidente. En ese sentido, lo menos que debiera haberse dado a conocer es qué diablos se ha firmado, y no tener que enterarnos de algunos arreglos merced a que Hugo Chávez se ha prodigado en mencionarlos.
Ollanta Humala no deja de ser una caja de sorpresas. Mal que bien, sin embargo, su mayor error era hasta el momento mantener indefiniciones en suspenso. Pero este acuerdo con Venezuela parece desbordar ese marco. Huele mal, muy mal.
En general, este tipo de convenios binacionales es una rémora de un pasado regional estatista. Suelen esconder arreglos políticos antes que una lógica económica correcta. Hay que estar muy atentos a su publicación, empezando por exigir que se haga de inmediato. Ya el solo hecho de que se hayan manejado de forma tan poco transparente y sorpresiva (el exministro de Energía y Minas, Carlos Herrera Descalzi, ha dicho que no tenía la menor idea de que tales se estaban diseñando), es un mal signo.
Juan Carlos
Tafur