El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Jueves 17 de Mayo del 2012

La Columna del Director | 21-01-2012 | Juan Carlos Tafur

¿Hay neofujimorismo a la vista?

Que el fujimorismo ha renacido luego de los “tiempos de persecución” es una verdad de Perogrullo. Ha logrado, además, insertarse en el juego democrático. Hoy es Keiko, la hija del expresidente Fujimori, la encargada de liderar el movimiento que aspira, con gran posibilidad, a llegar al poder en el 2016.

 

No lo logró, en verdad, en las últimas elecciones, porque dejó asomar rostros y discursos confrontacionales que a muchos les hicieron recordar los tiempos autoritarios de la década de los 90. El fujimorismo fue afectado más por sus propios errores que por los ataques de sus adversarios.

 

Se suponía que, en consecuencia, iba a aprender la lección y aprovechar estos cinco años para deshacerse de una vez por todas de esa suerte de tics intolerantes y agresivos, y pasar a una etapa superior.

 

En esa medida, parece necesario que Keiko evalúe con frialdad la permanencia en su entorno de personajes que siguen aferrados al mismo discurso de estado de sitio en el que se mueven como peces en el agua los referidos portavoces de su agrupación.

 

A propósito de un hecho políticamente significativo, como es la inscripción del Movadef como partido político, el fujimorismo ha vuelto a sacar del baúl toda la andanada de ataques e invectivas que justamente siguen dando pie a que se le etiquete como una agrupación de raigambre autoritaria. Lo que para el país entero era motivo de inquietud, al parecer para el fujimorismo solo se ha visto como una oportunidad de recuperar pantalla.

 

En lugar de aprovechar la ocasión para generar un ánimo unificado frente a un enemigo del Perú, como ha sido y es el terrorismo, las intervenciones de sus allegados se han dedicado más a descalificar a sectores democráticos, a organismos de derechos humanos y a líderes de la izquierda o liberales.

 

Es verdad que el antifujimorismo es fuerte y también agresivo, pero si Keiko Fujimori quiere construir una opción política que convoque a sectores más allá de su núcleo duro, está en la obligación de ponerse por encima de ello, de modernizarse no solo programáticamente, sino también políticamente. Si el fujimorismo no se reconcilia con más de la mitad del país, sus aspiraciones políticas seguirán condenadas a convocar en su contra fuerzas superiores.

 

Y eso no se logra solamente en una coyuntura electoral. El fujimorismo debe llevar a cabo esa tarea en los años que corren. Y no es otra que Keiko la llamada a ejercer un liderazgo en ese sentido. Hoy por hoy, no solo no lo hace sino que, más bien, parece alentar las expresiones regresivas que muchos de sus seguidores destilan en cuanta ocasión se les presenta.

 
Juan Carlos
Tafur

Mis otra columnas
Galería Fotográfica
Galería Fotográfica
Encuesta

¿Está de acuerdo con el desempeño del Gobierno en el caso Conga?





Diviértete