La Columna del Director | 25-01-2012 | Juan Carlos Tafur
Ollanta Humala ha zanjado claramente con la izquierda que lo acompañó los últimos años y en la jornada electoral. Algunos han considerado el hecho como una traición y acusan al gobierno de haberse entregado a los brazos de la derecha.
Esa conclusión parte de un diagnóstico errado. Humala, es verdad, se ha colocado en un espacio de centro. En estos momentos está indudablemente más inclinado a la derecha, pero no es, ni por asomo, un régimen conservador como el de Alan García. No hay a la vista nada que lo pueda corroborar. No es el suyo un régimen que se haya convertido en una simple mesa de partes de las demandas de los grupos de poder, como lo fue el de su antecesor.
Basta leer las normas legales de El Peruano para percatarse que no hay un aluvión de normas hechas a la medida de los pedidos de ciertos sectores empresariales adictos al decreto legislativo, de urgencia o resolución ministerial ad hoc.
Humala se halla inmerso, más bien, en un proceso de definiciones que, según lo expresado y visto, a la par de resguardar el orden macroeconómico no ha renunciado a su principal bandera social, como es la de la inclusión (al frente del portafolio que lleva ese nombre se halla, además, una técnica de izquierda capaz, de la cual se esperan resultados efectivos). Como político pragmático que es, Humala actúa en función de la correlación de poderes existente y sin romper esa trama, busca generar consensos y vías para resolver problemas. Tan simple como eso.
Y en esa tarea, la derecha le ha aportado no solo eficacia sino instrumentos que faciliten su trabajo. La izquierda no. Y no lo ha podido hacer por su propia responsabilidad. La izquierda –salvo la radical- ha abandonado las calles, las universidades, el mundo mediático, el trabajo con las fuerzas sociales. Aislada, en su mayor parte, en ONGs o en el quehacer académico, le ha cedido ese terreno a los movimientos más radicales. Un movimiento como Patria Roja políticamente pesa más que toda la izquierda junta.
En esa medida, no se le puede cuestionar a Humala que, desde el poder, haya entendido que mantener a la izquierda a su lado no es sostenible solo por un afán decorativo. La presencia de cualquier grupo ideológico en el poder se gana a pulso día a día, no por merecimientos históricos ni lealtades pasadas. Si la izquierda moderada es desechable es por responsabilidad suya, principalmente. No es, tampoco, culpa de la derecha todopoderosa. Humala ya demostró que no la necesita para llegar al poder y no es que esté capturado por ella. Simplemente, ante las falencias políticas de la izquierda, se ha visto obligado a utilizar las herramientas que le son más útiles para gobernar.
Juan Carlos
Tafur