La Columna del Director | 31-01-2012 | Juan Carlos Tafur
Si un sector importante de la izquierda “histórica”, por llamarla de alguna manera, asume que su crisis va más allá de los desencuentros surgidos con el gobierno de Ollanta Humala, debería poner las barbas en remojo en varios aspectos.
1.- No es viable que no se asuma cada vez con mayor convicción que la defensa de una economía de mercado –mientras más libre mejor- pueda no ser parte de su bagaje ideológico de base. Hacerlo ya no debiera ser visto como una renuncia a criterios históricos, sino como un entendimiento de la forma real como se mueve el mundo entero. Agruparse, en ese sentido, bajo la bandera ‘antineoliberal’ (para otro momento dejaremos el análisis del disparate que supone tal definición) se condena a seguir en la caverna.
2.- Posee cuadros tecnocráticos en algunas áreas del quehacer administrativo público, pero brilla por su ausencia cuando de agentes de gestión efectiva hablamos. En general, en el afán de formar cuadros, un verdadero cambio ocurrirá cuando en vez de tanto sociólogo, antropólogo, politólogo o abogado, empieza a darse un interés colectivo en maestrías en administración pública (MPA), administración de empresas (MBA) o carreras vinculadas a la ingeniería empresarial.
3.- El trabajo académico sigue siendo su fuerte, sin duda, y allí se enseñorea por encima de la derecha, más dedicada a oficios prácticos individuales, pero no hay forma de hacer política si se olvida del trabajo de base, no solo en organizaciones populares o movimientos regionales, sino en las propias universidades. En este campo la izquierda radical le ha ganado casi por walk over la batalla. Por eso no es capaz de ganar una sola elección yendo con sus propias banderas.
4.- Realismo político. En el caso concreto del gobierno actual no ha sido capaz de analizar con inteligencia frente a qué se enfrenta. Humala no representa ya La Gran Transformación. De eso no cabe la menor duda desde la segunda vuelta electoral. Pero no es un gobierno derechizado y entregado –como dicen- a los embrujos de la derecha empresarial y los poderes fácticos. Humala aplica La Gran Moderación. Y no ser capaces de entenderlo y asumir que ello no la coloca fuera (como lo hacen varios ministros de clara identidad izquierdista que lo asumen y se mantienen trabajando en el gobierno), revela una vez más una pulsión autodestructiva, guiada por fundamentalismos, y ajena al ejercicio democrático del poder, donde nadie consigue, pues, el 100% de lo que se propone (y menos cuando se ha sido un furgón electoral antes que la locomotora del triunfo).
5.- Un sector importante de la derecha ha sabido desfujimorizarse, revalorando las libertades y la democracia como elementos constitutivos. No toda la derecha es “bruta y achorada” (en verdad, lo es la minoría), aunque sea aquella la más vocinglera. ¿Por qué la izquierda en pleno no puede transitar similar camino?
Mientras no lo haga, la izquierda peruana radical seguirá siendo un grupo marginal, poco eficaz y, lo que es más grave, alejada de la ideología práctica de la mayor parte de los sectores populares. El Perú necesita una derecha ilustrada y más democrática. También requiere de una izquierda más liberal.
JUAN CARLOS TAFUR
Juan Carlos
Tafur