El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Jueves 17 de Mayo del 2012

La Columna del Director | 04-02-2012 | Juan Carlos Tafur

Metiendo cuchara

Tremendo alboroto ha causado un post del escritor Iván Thays en el cual criticó la gastronomía peruana. Por cierto, en muchos casos la reacción a sus palabras ha sido más que exagerada. Después de todo, ningún peruano está obligado a ser hincha de nuestra comida, aun cuando la crítica mencionada haya pecado de excesiva y arbitraria (no toda la comida peruana es de difícil digestión y mucho menos poco saludable. Y precisamente el boom gastronómico que vivimos se basa en el refinamiento de nuestra mesa tradicional).

 

Pero también llama la atención, dicho sea de paso, que así como se critica la intolerancia puesta de manifiesto en las respuestas a Thays, ocurra lo mismo con sus defensores, quienes parecen creer que no se le puede criticar duramente al mencionado. Thays sabe muy bien que quería provocar y lo ha logrado. Las respuestas eran, pues, esperables.

 

Lo más relevante, sin embargo, pasa por entender por qué una crítica semejante ha despertado tantas pasiones. Después de todo, Thays no es, digamos, un líder de opinión mundial cuyas palabras vayan a afectar el mencionado boom de la comida peruana. Y que se sepa no es él tampoco un gourmand reputado.

 

Muchos se preguntaban en las redes sociales y en los medios si acaso la reacción hubiese sido la misma si Thays mostraba similar dureza respecto de nuestra literatura, nuestra historia o nuestro fútbol. Creemos que no. Y allí está, creemos, lo esencial del alboroto. Hoy en día, si de algo se sienten orgullosos los peruanos es de su comida. La labor entusiasta de varios cocineros, encabezados por Gastón Acurio, ha logrado que cuaje una identidad nacional genuinamente orgullosa de nuestra riqueza culinaria.

 

El problema radica en que no exista similar estado emocional respecto de otros aspectos de nuestra vida colectiva, que igualmente merecerían un sentimiento de orgullo. La pasión por nuestra gastronomía nos parece encomiable. Pero, sin duda, ojalá hubiese otros aspectos que generen la misma euforia y adhesión.

 

El impasse que reseñamos pone de relieve, en ese sentido, que la anhelada “identidad nacional” hoy solo parece transitar alrededor de una mesa. No de nuestra historia cultural, de nuestra variedad social, de nuestra superación de la crisis económica pavorosa que sufrimos hasta la década de los 90, de nuestra heroica lucha contra el terrorismo, de nuestros referentes intelectuales, etc. No, el “orgullo de ser peruano” solo parece caber dentro de un plato de comida.

 
Juan Carlos
Tafur

Mis otra columnas
Galería Fotográfica
Galería Fotográfica
Encuesta

¿Está de acuerdo con el desempeño del Gobierno en el caso Conga?





Diviértete