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Jueves 17 de Mayo del 2012

La Columna del Director | 14-02-2012 | Juan Carlos Tafur

Élites desconectadas del pueblo

La élite peruana –particularmente la política- no brilla precisamente por su conexión con la realidad popular, pero en los últimos tiempos la distancia, lejos de disminuir, se acrecienta de manera notable. La captura del “camarada Artemio” es un hecho que legítimamente enorgullece a los peruanos de a pie. Sienten el triunfo como suyo y lo celebran genuinamente como tal.

 

Pero en la “clase dirigente” parece que el afán va por otro lado. Conocido el hecho de la detención, se empezó a librar una batalla campal. Por un lado quienes querían subrayar que la mencionada captura se logró en democracia y respetando los derechos humanos (no sabemos si el presidente Humala habrá querido mandarle un mensaje al fujimorismo al puntualizar dicho aspecto, pero, más allá de sus intenciones, desencadenó la trifulca). Por el otro lado, quienes minimizaban la captura señalando que, desde ningún punto de vista podía compararse la de ‘Artemio’ con la de Abimael Guzmán. Y todo ello, sazonado con una retahíla de agravios y descalificaciones mutuas.

 

In extremis, hasta se llegó a cuestionar que la Primera Dama, Nadine Heredia, colgase en su Facebook fotos de ella en el helicóptero que se dirigió a la zona. Y hubo quienes, a su vez, preguntaron por qué ahora no se criticaba que la pareja presidencial se estuviese dirigiendo originalmente a la Fiesta de la Candelaria en Puno, comparando dicha situación con lo ocurrido con Fujimori, quien se hallaba pescando en la selva cuando se detuvo a Abimael Guzmán.

 

No faltó, por supuesto, quien advirtiera que seguramente ahora los organismos de derechos humanos se alistaban a defender a ‘Artemio’. Y ya en los predios del disparate ha habido quienes han considerado esta captura como una derrota de la “caviarada” (¿?).

 

Hace algunos meses estuvimos en un pueblo ayacuchano y conversando con los pobladores, nos contaban que Fulano había sido mando senderista en la zona y que ahora, luego de purgar su pena, trataba de rehacer su vida. Y en el mismo vecindario vivía Mengano, dirigente rondero que se le había enfrentado a sangre y fuego. Y ahora vivían en paz.

 

El pueblo ha iniciado por su cuenta un proceso de reconciliación. Y fue ese pueblo el que más sufrió. ¿Por qué no ocurre lo mismo con las élites políticas, que siguen aferradas a la confrontación excluyente y al insulto descalificador? Hay una tarea pendiente, en ese sentido, que debe abordarse con inteligencia, mesura y tolerancia democrática. Los partidos tienen ante sí una gigantesca labor que hacer en su frente interno, de cara a la ciudadanía, como para dedicarse exclusivamente a amurallar sus respectivos frentes externos, menester en el que, además, no los acompaña el pueblo que pretenden representar.

 
Juan Carlos
Tafur

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