Hoy se debe reunir –si no lo ha hecho ya a estas horas- Marcial Rubio, el rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú, PUCP, con los representantes del Vaticano para escuchar la propuesta final de la Santa Sede respecto del impasse surgido entre el Arzobispado de Lima y dicha casa de estudios.
Según ha trascendido, se le plantearía que adapte sus estatutos a los sugeridos por los voceros de la Iglesia y si eso no ocurre se le retiraría el estatus de “pontificia” y de “católica”. Rubio tendría que regresar y someter dichas sugerencias, como corresponde, a la Asamblea Universitaria.
Hemos sido parte de la PUCP y lo somos nuevamente (hemos vuelto a las aulas a estudiar una Maestría en Historia del Arte). Con conocimiento de causa, creemos que sería una calamidad para la comunidad universitaria que la PUCP se someta a los caprichos y designios de una autoridad eclesial.
Si el Vaticano castiga a la PUCP quitándole el estatus referido, enhorabuena. La universidad ganará con dicha decisión, no porque con ello se libere de alguna cortapisa, que en todos los años de su existencia no ha permitido que prime, sino porque de una vez por todas afirmaría el horizonte de universalidad que le corresponde y sobre el cual pende una amenaza de injerencia.
Y, además, no creemos que haya siquiera problemas nominales respecto del nombre de la universidad. Varias conversaciones con abogados especializados en temas de registro nos indican que la universidad se podrá seguir llamando como hasta ahora, pero, claro, sin los eventuales “beneficios” que tal nomenclatura le representa (que no sabemos exactamente cuáles son y menos aún si valen la pérdida de autonomía académica que su sujeción a los requerimientos de un Estado extranjero implicaría).
El problema de fondo, por lo demás, no es legal. Por el contrario, si tal existe es por culpa de los propios abogados de la PUCP que condujeron a Rubio y demás directivos a una confrontación que no era necesaria. Bastaba con esperar que sobreviniese el intento de zarpazo y recién entonces proceder en consecuencia. Esperamos que se haya aprendido de los errores y esta vez se tomen las cosas con la mesura debida y con la ley en la mano responder lo que corresponde: tales estatutos son inaceptables, la universidad no los aprueba y punto.
La avanzada ultraderechista del Opus Dei no debe imponerse y menos si contiene, claramente, un interés materialista, patrimonial, bastante alejado de inquietudes espirituales.
Juan Carlos
Tafur