El reciente informe propalado por Panorama, que muestra groseras manipulaciones en contra del bolsillo de los padres de familia con hijos en edad escolar, vuelve a poner el dedo en la llaga respecto de la calamitosa situación de la educación peruana. Las islas de excelencia existen, sin duda, pero son muy pocas.
Por cierto, se requiere de una reforma integral cuya complejidad expositiva excedería los alcances de esta columna, pero creemos que algunas ideas sensatas, escuchadas en estos días, podrían pensarse.
A la par, por ejemplo, de la carrera pública magisterial, podríase darle mayor poder a las Apafas. ¿Por qué no establecer que si un 60% de los padres lo decide, pueda ser cambiado un director o un profesor? ¿Quién mejor que ellos para saber si una persona no está calificada para enseñarle a sus hijos?
¿Por qué no facilitar aún más que los colegios puedan contratar a profesionales que no pertenezcan al magisterio, que en muchos casos tienen infinita superioridad académica que el promedio de profesores? ¿En lugar de exigirles que estudien dos años de pedagogía, no sería mejor tomarles una evaluación y que ese requisito baste?
¿Por qué no se hacen evaluaciones PISA entre los colegios públicos y que aquellos que obtengan mejor calificación reciban mayor presupuesto y, por ende, puedan subirle los sueldos a sus profesores?
El modelo Fe y Alegría ha demostrado que funciona. ¿Por qué no replicarlo hasta donde sea posible? Estamos seguros que muchas empresas privadas estarían dispuestas a invertir dinero, como parte de sus labores de responsabilidad social, a este quehacer.
¿Por qué el magisterio goza de una estabilidad laboral anacrónica, que lo único que hace es premiar la mediocridad? Profesor malo, que se vaya a su casa, sin tutías.
¿Por qué no permitir que los colegios privados puedan establecer planes curriculares propios? ¿Por qué tienen que ceñirse a un esquema dictado por el Ministerio de Educación?
¿Por qué no aumentar las horas de clase? Somos uno de los países donde las horas de enseñanza son de las más bajas del planeta. Y no porque se siga criterios psicopedagógicos sino por la resistencia sindical a trabajar más.
¿Por qué no se elimina el actual sistema de ingreso a las universidades, lleno de atajos irracionales? Que se vuelva al sistema de un examen único, igual para todos.
Los resultados de tomar decisiones radicales recién los veremos de acá a diez años, es cierto, pero si no empezamos ya, el Perú no podrá seguir progresando como hasta ahora lo hace en términos macroeconómicos. Y será, entonces, muy tarde para lamentarse de no haberse puesto los pantalones y poner de cabeza el desastre escandaloso que es la educación que reciben millones de futuros ciudadanos, víctimas hoy en día de una estafa colectiva trágica.
Juan Carlos
Tafur