El informe presentado ayer respecto de la gestión de Castañeda Lossio al mando de la Municipalidad de Lima es contundente. En términos técnicos es lapidario.
No podemos afirmar si ello ahondará su paulatino desplome en las encuestas. Castañeda ha acusado a la actual alcaldesa de actuar por motivaciones políticas y esa será su única respuesta, tratando de soslayar los argumentos técnicos expuestos. Quizás le resulte, quizás no.
Pero lo cierto es que la solidez del informe presentado destruye el único activo que el ex alcalde podía exhibir para aspirar a la Presidencia de la República.
Castañeda no es carismático, su plancha es un desastre de improvisación, su lista congresal parece una concesión a la tribu endogámica que lo acompaña toda la vida y su plan de gobierno ha sido alquilado al equipo de Macroconsult (si ganase, seguramente, lo primero que haría es tirarlo al tacho y hacer lo que le salga del forro). Encima, es un pésimo candidato, lerdo en comunicarse, presto para el agravio tonto y pueril en el sarcasmo.
¿Qué lo apuntalaba? Una supuesta buena gestión como alcalde. Ese único activo esta puesto hoy en cuestión. Llenó de cemento la ciudad, aprovechando el inmenso presupuesto del que gozó, pero lo hizo mal. No sólo técnicamente mal sino con una inmensa sombra de irregularidades que ameritan una investigación judicial.
Si gozó de popularidad fue porque disfrutó de un silencio mediático, sin duda auspiciado por su padrino electoral, Alan García, sumado al chorro publicitario que durante su gestión el Municipio dispuso estratégicamente.
El caso Comunicore, denunciado por Perú21, fue su Rubicón. Se acabó la pax romana de la que gozaba y luego de ello, la prensa independiente se ha encargado de ir mostrando los grises de una gestión sobrevalorada.
Ha hecho bien el Municipio actual en dar a conocer este informe. Según hemos podido saber, hubo inicialmente dudas respecto de hacerlas públicas durante la campaña porque podía malentenderse su emisión. Al final, primó el sentido ético de mostrar el real rostro de alguien que aspira a ser Presidente y que, dada la información publicada, no parece tener los pergaminos para semejante pretensión.
El camino que el Perú debe recorrer del 2016 en adelante requiere de un liderazgo firme y, sobre todo, transparente, alejado de la trastienda y el enjuague. Castañeda, como es evidente, no reúne las condiciones para ese encargo.
Juan Carlos
Tafur