Lo mejor que ha podido hacer Manuel Rodríguez Cuadros ha sido renunciar a su candidatura a la Presidencia por Fuerza Social. Desde que se supo de su postulación, señalamos que el ex canciller era una más de las tantas víctimas políticas que confunden su paso por el poder y las venias protocolares que ello conlleva, con algún atisbo de apego popular.
Si el pueblo no lo ha seguido ha sido porque no era buen candidato. Sin mayor carisma y sin ese apasionamiento que los políticos deben tener obligadamente, su afán de postular más parecía un intento por agregar a su currículo el haber sido candidato presidencial.
Más allá de él, creemos que su renuncia le hace bien a la agrupación que lo lanzaba. No porque el desastre electoral al que se conducía fuese a dañar el principal activo político de Fuerza Social, ya que la población no vinculaba una a la otra, sino porque la recoloca en el lugar correcto.
Por un lado, quizás hasta beneficie a su lista parlamentaria, que ahora podrá asomar con perfil propio. Si saben asimilar la renuncia, quizás logren tener alguna presencia parlamentaria. De hecho, además, los rostros parlamentarios de Fuerza Social no solo son más conocidos sino que tienen mayor arraigo que su ex candidato.
De otro lado, corrige un grave error político. Fuerza Social, creada bajo la pretensión de constituir una opción de izquierda democrática y liberal, no tenía necesidad de incursionar en las lides presidenciales para lograr dicho propósito. Por el contrario, ello no era aconsejable.
Susana Villarán, en particular, tiene varios años por delante para hacer una buena gestión municipal y desde allí cimentar el proyecto político anunciado. Por el momento, hace bien en guardar cierto perfil bajo –solo roto por la legítima auditoría preliminar publicitada sobre la gestión de su antecesor, Luis Castañeda Lossio-; la turbulencia propia de la campaña presidencial no es el tiempo adecuado para ganar atención ciudadana.
Después de la segunda vuelta, cuando acabe esta maratónica jornada electoral iniciada con las propias elecciones municipales y regionales, la ciudadanía volteará los ojos hacia lo que se hace desde el sillón de Nicolás de Ribera. Y allí empezará la tarea de consolidación de la apuesta ideológica mencionada. El 2016 es el horizonte inmediato de Fuerza Social. Y la única forma de que llegue en buen pie es ejecutando una gestión edil superior a la heredada. Que tenga o no candidato presidencial, que supere o no la valla del 5% es solo un asunto administrativo. Al parecer, no lo entendieron así y se equivocaron. La renuncia de Rodríguez Cuadros debería servir para que se reubiquen correctamente.
Juan Carlos
Tafur