La previsible caída que Alejandro Toledo iba a sufrir en las encuestas –significativa en Apoyo, terrible en Datum- tiene explicaciones claras. No hay mayor misterio.
Por un lado, era probable un descenso. Creció muy rápido porque madrugó a sus rivales en términos políticos y publicitarios. Con ello, saltó al primer lugar desmesuradamente ocultando que candidatos como Humala o Kuczynski tenían un potencial como el que ahora se ha puesto en evidencia. Y el natural crecimiento de ambos, de hecho, ha contribuido a su caída.
Humala le disputa el terreno opositor y parece haber aprendido que lo mejor, en su caso, es ir sin aspavientos, cosechando en silencio. Por su parte, Kuczynski le disputa un sector social y en cierta medida ideológico, que si bien no es mayoritario, sí es importante e influyente.
Pero la principal razón del desplome estriba en el propio líder de Perú Posible. Hace casi un mes escribimos que el principal enemigo de Toledo en esta campaña era él mismo. Los hechos nos han terminado dando la razón. No se entiende, por ejemplo, qué hace un ex Presidente y nuevamente candidato enfrascado en una bronca subida de adjetivos con un ex ministro de su propio régimen que, además, está en el quinto lugar. Es irracional.
¡Y mucho más pueril ha sido su enfrentamiento verbal con el inefable secretario general de la Presidencia, Luis Nava, hoy también candidato al Parlamento Andino! ¡Y bueno hubiese sido que la discusión haya surgido, al menos, como una respuesta sobria a una denuncia grave! No, el líder en las encuestas discutía con un personaje de cuarta…, sobre whiskies y francachelas.
¿Están de vacaciones los asesores de Toledo? ¿El éxito –como ya ha sido dicho infinidad de veces- aturde al líder de Perú Posible y lo lleva, para despabilarse, a ocasionar sus propios tropezones?
El problema de Toledo anida entre la ideología y la psicología. Y queda claro que si en las tres semanas que restan no saca a relucir su lado corajudo y, con cabeza fría, no replantea su estrategia, evitando por lo pronto descender a recoger menudencias, está en riesgo no solo su liderazgo en las encuestas sino, inclusive, su pase a la segunda vuelta.
Toledo se queja con razón del abierto sabotaje de Alan García en su contra (veremos cómo ahora los medios gobiernistas que tenían el corazón prendado por Castañeda súbitamente lo reemplazarán por Kuczynski y mantendrán el plan de demolición contra el chakano), pero va muerto si no tiene la capacidad autocrítica de sumar el que él mismo se ha infligido. En su pasado político ha sabido remontar más de una vez la adversidad. En los próximos días se verá si subsiste ese instinto.
Juan Carlos
Tafur