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Jueves 17 de Mayo del 2012

La Columna del Director | 24-03-2011 | Juan Carlos Tafur

¿POR QUÉ CRECE HUMALA?

¿Cómo entender el crecimiento de Ollanta Humala? Sus allegados señalan que es la mejor demostración del fracaso del modelo macroeconómico aplicado en las últimas décadas. Las cifras, sin embargo, no acompañan este raciocinio.

 

Nos atrevemos a decir que Humala crece, más bien, gracias al éxito económico del país. Porque ese crecimiento ha levantado, como es natural, el nivel de expectativas de la ciudadanía (estamos hablando, por cierto, de la población beneficiada porque hay un bolsón de pobreza que aún sigue intocado). Y lo que ha fracasado, merced a la punible negligencia de este gobierno, es la construcción paralela de instituciones o servicios públicos que acompañen ese crecimiento.

 

Cuando en las encuestas se le pregunta a la gente que está disconforme con el “modelo” por qué lo está, responden que no hay seguridad, que no hay buena educación, que no hay servicios de salud eficientes, que la justicia es una quimera. No piden que haya control de precios, que se estatice empresas, que se expulse a la inversión privada, ni mucho menos.

 

La tarea política de construcción de un Estado moderno, inclusivo, que debió ir de la mano con la buena marcha de la inversión privada, el aumento del empleo y la estabilidad fiscal y monetaria, fue olímpicamente dejada de lado.

 

Y hoy, ese malestar generalizado halla en Humala un canal de expresión. Por eso crece en Lima o en la costa norte, donde la bonanza es notoria y mayor que en el resto del país.

 

Si a eso le sumamos que irresponsablemente el presidente Alan García se ha dedicado a demoler la candidatura del único otro candidato que se ubicaba en la oposición a su régimen, como es Alejandro Toledo, se puede entender un crecimiento que sorprende y sale de los esquemas previstos (en las hipótesis previas de todos los analistas se consideraba una caída de Toledo y Castañeda, el mantenimiento de Keiko y un ascenso de Kuczynski, no una trepada de la magnitud que ha mostrado el líder nacionalista).

 

En todo caso, lo que su resucitada presencia pone sobre el tapete es, una vez más –como supuestamente ya se había entendido en el 2006-, que las tareas sociales por emprender en el Perú, para asegurar que la ruta a la modernidad esté libre de sobresaltos o riesgos de retroceso, son aún muchas. Y se requiere para ello de una gran voluntad política que rompa las ataduras que mantienen simultáneamente un país económicamente viable con otro políticamente repulsivo, hostil para la mayoría de peruanos, inclusive para aquellos que han experimentado una mejoría en sus niveles de vida. Ojalá esta vez se aprenda la lección y no vuelva a ocurrir que luego del susto, todo se mantenga igual.

 
Juan Carlos
Tafur

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