Más allá del show mediático que van a armar los medios palaciegos respecto de las encuestas a ser publicadas hoy –la de Ipsos Apoyo y la menos consistente de CPI-, destacando la salida de Toledo del primer lugar, lo relevante, creemos, va por otro lado.
Por lo pronto, respecto del drenaje sufrido por el candidato de Perú Posible merced al crecimiento de Kuczynski, éste empieza a detenerse. PPK está pasando de ser un tsunami a un simple oleaje, y Toledo de ser una avalancha a un resbalón. Lo más probable es que en los próximos días, los vasos comunicantes entre ambos candidatos empiecen, más bien, a mostrar alguna reversión (el pánico que Humala genera en una parte del sector AB seguramente lo hará recapacitar respecto de la inmensa frivolidad que suponía votar por PPK, candidato ideal para un club de playa, pero no para lidiar en las turbulentas aguas de la política peruana).
En esa medida, creemos que la pelea el 10 de abril se reducirá a tres candidatos: Ollanta Humala, Keiko Fujimori y Alejandro Toledo. Los tres, además, son los únicos que tienen un voto oculto no medido, en el sector rural-rural, donde PPK y Castañeda son absolutamente desconocidos.
Pero el hecho más decisorio en los días que quedan será, a nuestro juicio, el referido a quién sabrá recoger el voto que se le seguirá yendo al endeble candidato de Solidaridad Nacional, Luis Castañeda. Su AB ya se le fue. ¿Adónde se irá su CD? Y hablamos de al menos 10 puntos, los suficientes para marcar la diferencia que defina quién de los tres señalados pasa o no a la segunda vuelta (a PPK difícilmente le chorreará algo de este segmento).
Ninguno de los tres tiene la mesa servida respecto de estos votantes. Con Toledo puede haber resentimiento por las escaramuzas verbales habidas con Castañeda. Respecto de Humala y Keiko hay una clara distancia ideológica, en un caso económica y en el otro política.
Entre los indecisos y los votantes que pierda Castañeda suman casi 20% de los electores. Ese es el nicho que los candidatos mencionados deberán conquistar en los días que restan. Entre mítines, incursiones mediáticas y el debate –y la indudable injerencia de la prensa a favor o en contra de cualesquiera de ellos-, si algún público debe ser el objetivo a atacar es el señalado. Allí estará la probable clave del éxito final en esta primera vuelta electoral.