Tremendo error comete Alejandro Toledo sumándose a la campaña mediática tonta que la derecha conservadora monta contra Ollanta Humala. Resulta indudable que el líder nacionalista merece una confrontación dura respecto de sus planteamientos, pero cuando en ese afán se usan argumentos banales, simplemente se le hace un favor.
Ni vale la pena referirse a la hipótesis de que Humala es una suerte de espía de avanzada del Brasil (¿?). Pero la otra bandera levantada, decir que la minúscula subida del dólar y la caída de la Bolsa del lunes son el mejor indicador del desastre financiero que la propuesta de Humala generará, es, por decir lo menos, una estupidez. Si así fuera, ¿entonces qué deberíamos decir hoy luego de que el dólar bajó nuevamente y la bolsa subió? ¿Que el país ya asimiló el eventual triunfo de Humala y volvió la tranquilidad?
Grave resulta, en cambio, que Ollanta Humala no tenga la capacidad de calificar a Hugo Chávez como un dictador, como ayer no pudo hacer, confrontado por el colega Augusto Álvarez Rodrich. Que para Humala el mandatario venezolano sea un demócrata preocupa, no porque devalúe su capacidad de diagnóstico y análisis político.
Causa alarma porque si para él Venezuela transita por el camino democrático, cuando afirma que respetará dicho sistema, deja abierto un terreno de posibilidades catastróficas: que podría tranquilamente cerrar medios de comunicación, expropiar arbitrariamente empresas privadas o controlar todos los poderes del Estado y creer que eso es una opción democrática válida (lo peor es que su propio candidato a la segunda vicepresidencia, Omar Chehade, no duda un segundo en afirmar que Venezuela es una dictadura sin tapujos).
También merece un severo cuestionamiento que su programa de gobierno no coincida con su discurso electoral. En la letra se ubica en la tradición estatista y populista que ha demostrado su rotundo fracaso en la región. En las formas, un poco más y es un liberal económico y un católico ultramontano. ¿Dónde está la impostura?, cabe preguntarse y preguntarle al candidato de Gana Perú.
Lo otro, lo adjetivo, el tic macartista de cierta derecha solo le hará un inmenso favor a Humala, como ya se lo hizo en el 2006, cuando por muy poco casi lo sentó en Palacio de Gobierno. Demonizarlo con argumentos infantiles es la peor estrategia para derrotar una opción política que –lo tenemos claro- deja serias dudas respecto de su supuesta moderación y evolución ideológica, tanto en materia política como económica.
Juan Carlos
Tafur