Estamos seguros de que si un candidato le dijese a sus electores que en los siguientes cinco años no les podrá asegurar un aumento de sus ingresos económicos, pero sí que cuando acuda a los hospitales públicos será atendido como gente y se le brindará un servicio adecuado, que cuando mande a sus hijos a los colegios estatales adquirirá recursos competitivos y no será estafado, como ahora, cuando termina sus estudios y comprueba que está en seria desventaja respecto de quienes recibieron educación privada, que podrá caminar por su vecindario y no será asaltado o golpeado por pandillas sin control, o que contará con los servicios básicos de agua, desagüe y luz, éstos votarían por él.
Obviamente, todos quieren mejorar sus economías familiares a través de un aumento remunerativo. Acudimos a un recurso polémico no para señalar que haya conformismo en ese aspecto sino que hay problemas sociales, que están fuera del llamado modelo macroeconómico, que la gente pobre aprecia tanto o más que tener más billetes en el bolsillo cada quincena.
Y eso no lo están interpretando correctamente quienes han decidido enfrentar la crecida de Humala en las encuestas compitiendo entre ellos por ver quién se presenta como la mejor garantía de que el “modelo” no cambie.
Nos queda claro que el eje económico no debe cambiar, pero más claro aún nos resulta que los temas adicionales señalados son los que han hecho que se mantenga, a pesar de los diez años de crecimiento ininterrumpido, la sensación de malestar que hoy se alinea detrás del voto por el candidato nacionalista.
El problema de fondo es que Humala yerra garrafalmente en el diagnóstico y, por ende, en la “terapia” propuesta. El candidato de Gana Perú quiere cambiar el motor del carro, cuando es dicho motor –el de la inversión privada- el adecuado. Lo que hay que cambiar son las llantas, el radiador, el sistema de luces, el chasis, etc., etc., no la estructura de base.
Es posible admitir, inclusive, que el manejo macroeconómico requiere ajustes, haciéndolo pasar de uno pro empresa a uno pro mercado. Pero tirarlo por la borda y poner en su lugar otro que se base en la acción del Estado, sin duda, nos llevará a la parálisis y hasta a un retroceso, que a quienes más va a afectar, por cierto, no es a los grupos de poder sino a los sectores marginados del país (como ha sucedido en Venezuela, Ecuador y en Bolivia, los paradigmas del humalismo).