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Jueves 17 de Mayo del 2012

La Columna del Director | 07-04-2011 | Juan Carlos Tafur

LOS PADRES DE HUMALA

Resultaría gracioso si no fuera dramático escuchar al presidente Alan García diciendo que el gran ganador del debate ha sido él y su gobierno, porque la mayoría de candidatos ponderó el “modelo económico”. Y ya no gracioso sino patético es que reclame a los medios que no ponderen sus obras, más aún luego de que durante casi todo su gobierno ha disfrutado de una paz mediática casi unánime, en buena parte por el “soborno” disfrazado de la colocación publicitaria (tema que el régimen entrante deberá investigar en detalle, que el olor a peculado se siente a leguas de distancia).

 

A García le tocó en suerte un boom global en los precios de las materias primas y una dinámica empresarial heredada –construida, dicho sea de paso, sobre las ruinas que él dejó en 1990-, cuya coyuntura ha permitido el crecimiento económico y sus efectos colaterales.

 

Su mérito en ese sentido ha sido no hacer nada y dejar que dicha dinámica fluya. No podemos decir lo mismo respecto de la parte proactiva de su gestión presidencial. Es decir, de las cosas que debió hacer y no hizo. Le importó poco o nada que la delincuencia se apoderara del país. Le valió madre que la mayoría del país siga recibiendo una educación paupérrima, y nos cree tontos como para caer en el engaño de que una reforma pusilánime de la carrera magisterial, la remodelación de unos cuantos colegios y la creación del llamado Colegio Mayor, eran signos de mejoría.

 

Menos aún le ha importado hacer algo para que la salud sea un servicio universal, democrático y digno para las mayorías. Igual que con la educación, este gobierno nos ha vendido un listado de gestos efectistas y promesas incumplidas. Ni qué decir de la inversión pública en infraestructura básica. Es cierto que los gobiernos regionales y locales son corresponsables, pero clama al cielo que en todos los niveles se gaste porcentajes ínfimos sin que nadie en el Ejecutivo haya tenido el coraje de romper las amarras.

 

Es éste el telón de fondo que explica por qué subsiste una propuesta pasadista como la de Humala. Su crecimiento se explica también por los errores de sus contendores, sin duda, pero fundamentalmente por la desidia del gobierno más derechista y oligárquico que el Perú ha tenido en las últimas décadas.

 

La derecha bruta que se ha enseñoreado este lustro sin chistar, parece creer que la agenda pendiente descrita corresponde a algo así como el área de responsabilidad social de las grandes empresas. Es decir, algo que de buena voluntad se puede hacer. Ni cuenta se dan que sin seguridad, educación, salud, justicia, servicios básicos, no hay ciudadanía. Y, por supuesto, no entienden por qué hay fastidio e irritación.

 

Humala es, en ese sentido, hijo legítimo de García. Es su hechura. Pero tiene varios padres. El candidato nacionalista le debe su existencia también a la actitud de la mayor parte de los grupos de poder y, por cierto, de los medios de comunicación cómplices que han avalado el statu quo con su bien remunerado silencio.

 
Juan Carlos
Tafur

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