El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Jueves 17 de Mayo del 2012

La Columna del Director | 10-04-2011 | Juan Carlos Tafur

MÃS CHICHAS QUE NUNCA

 

Hoy acaba la primera parte de la que debe haber sido una de las campañas más pobres y banales de la historia republicana del Perú. En verdad, no debería sorprendernos. No es, ni siquiera, culpa de los candidatos. Y lo que es peor, salvo que se tomen decisiones radicales, cada vez será peor.

 

Es que no es posible, de otra manera, que algunas personas traten de conquistar la adhesión de un pueblo que ha sido condenado al analfabetismo funcional, por décadas de vigencia de un sistema educativo escandalosamente paupérrimo. Y ocurre a todo nivel. Si en los sectores bajos es la ausencia de educación buena, en los altos es aquella que lejos de formar una presunta clase dirigente genera manadas de imberbes desarraigados que se avergüenzan, en el fondo, del 95% de su propio país.

 

¿Usted se imaginaría a ex congresistas como Héctor Cornejo Chávez, Ernesto Alayza, Luis Alberto Sánchez, Jorge del Prado, Enrique Chirinos Soto, Roberto Ramírez del Villar, Ramiro Prialé o un sinfín de muchos otros que hasta no hace mucho eran nuestros ‘padres de la Patria’, bailando perreo,  participando en concursos de canto o disfrazándose de travestis para ganarse las simpatías populares?

 

La desgracia es que aquél que hoy no se preste a la payasada muy probablemente no tendrá la suerte requerida y verá cómo ingresan al Legislativo otros, cuyo valor moral o intelectual es infinitamente menor. En el presente, más útil resulta contratar al asesor de imagen de una vedette que a un estratega. La Tigresa del Oriente o el Grupo 5 dan más votos que una estrategia política.

 

Y lo mismo ha ocurrido a nivel presidencial, aunque, felizmente, en menor medida. El gran fundador de esta nueva semiótica política fue Alberto Fujimori. Con esa estrategia derrotó a Mario Vargas Llosa y a Javier Pérez de Cuéllar. Muchos pensábamos que la irrupción de Alejandro Toledo el año 2000, el que ocasionó posteriormente el derrumbe del fujimorato, iba a lograr que regresásemos a la civilidad política, por decirlo de alguna manera, pero el ‘teteo’ de Alan García nos devolvió a la realidad.

 

Mientras no se reconstruya desde sus cimientos el sistema educativo público –lo cual tomará al menos una década-, eso no solo no va a cambiar sino que va a ir de mal en peor. Solo hay un atajo viable para salir rápidamente del hoyo: derogar la obligatoriedad del voto. Con ello se lograría que solo los ciudadanos realmente interesados acudan a votar. El nivel del “mercado electoral” se elevaría, la “demanda” sería más calificada y así obligaría a los candidatos a subir también el nivel de sus ofertas.

 

Hay que desterrar de nuestras elecciones a los grupos de cumbia, los programas de humor y los muñecos oligofrénicos. Que se impongan las ideas, el currículum personal y los equipos de gobierno.

 
Juan Carlos
Tafur

Mis otra columnas
Galería Fotográfica
Galería Fotográfica
Encuesta

¿Está de acuerdo con el desempeño del Gobierno en el caso Conga?





Diviértete