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Jueves 17 de Mayo del 2012

La Columna del Director | 16-04-2011 | Juan Carlos Tafur

ALBERTO LO HIZO ¿KEIKO LO HARÁ?

 

Se equivoca Keiko Fujimori si cree que solo basta un deslinde con la corrupción galopante que reinó durante la gestión de su padre. Sin duda, es uno de los pasivos más importantes que le toca manejar, pero no es el único ni el principal.

 

Porque la corrupción, al final de cuentas, se da en todos los gobiernos. La existencia de personajes de moral laxa es casi imposible de evitar. Pero lo que multiplica exponencialmente los grados de corrupción es la destrucción de las instituciones, la corrosión de la democracia vía el sometimiento de los poderes del Estado que generan el contrapeso básico en una democracia.

 

Y en ese sentido, como telón de fondo de la corrupción, lo que el fujimorismo puso de relieve fue un software gubernativo basado en una estrategia de control absoluto de las instituciones centrales: el Congreso, el Poder Judicial, el Ministerio Público, el Tribunal Constitucional, las Fuerzas Armadas y policiales, etc.

 

Mientras que en el ámbito económico se crearon, en la primera etapa del fujimorismo, “islas de excelencia”, como la Sunat, Indecopi o los organismos reguladores, no sucedió lo mismo en el terreno político.

 

Y ese operativo, hay que recordarlo, no fue creación de Montesinos. En él participaron muchos de los que hoy rodean a la propia candidata, para quienes la “democracia formal” era un obstáculo a sortear para asegurar las llamadas reformas estructurales. Así fue. Y era una estrategia global, no el resultado de dos bandos en pugna, uno liberal y el otro autoritario.

 

Ollanta Humala está dando pasos políticos concretos para asegurarle a los temerosos de que el suyo será un gobierno que respetará la estabilidad macroeconómica y la alternancia democrática. Que algunos le crean y otros no, es materia de otro análisis. Lo cierto es que los está dando.

 

No ocurre lo mismo en las orillas del fujimorismo. La reivindicación plena del gobierno de su padre le permitió a Keiko, en el tramo final de la primera vuelta, recuperar su voto duro, el que se le estaba yendo hacia Humala y ponía en riesgo su pase a la segunda vuelta ante el simultáneo ascenso de Pedro Pablo Kuczynski. Pero ese gesto político –eficaz para sus objetivos de entonces- le ha abierto flancos nuevos para la segunda vuelta.

 

Y tendrá que ser ella misma quien los esclarezca. Si, en ese sentido, piensa que bastan declaraciones contra la corrupción, se equivoca de cabo a rabo. Los pasivos del fujimorismo son bastante más graves y hondos que el recuerdo de la metástasis moral perpetrada por una pandilla de ladrones.

 
Juan Carlos
Tafur

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