Hacemos votos para que la encrucijada política en el que el país se encuentra no conduzca a la catástrofe que muchos tememos. Queremos creer que ni Ollanta Humala gobernará como Chávez o los Kirchner, ni Keiko Fujimori gobernará como su padre o como el régimen actual.
Pero, no obstante esa cuestión de principio, nos resulta imposible, a priori, adherir a ninguna de las opciones en disputa, por más reacomodos políticos o ideológicos nos muestren. Nos queda claro que ni uno ni otra eran la mejor opción que el país hubiese requerido en el momento actual.
Creemos firmemente en una economía de libre mercado, con la misma intensidad con la que creemos en los valores democráticos esenciales. Ya estuvo bueno de “modelos” económicos mercantilistas, donde el Estado de derecho se subordina a las ganancias del gran capital. Y de ninguna manera podemos avalar que, partiendo de un diagnóstico errado, se le impute al mercado la responsabilidad de los grandes problemas vigentes y se quiera, en base a ello, retroceder a esquemas estatales de producción.
¿Tenemos la certeza de que Humala aceptará, una vez en el poder, la manutención de la estabilidad macroeconómica y que restringirá su inicial plan de gobierno solo a su aspecto redistributivo? No, no la tenemos.
¿Tenemos la seguridad de que el fujimorismo ha enmendado su ideología autoritaria y que detrás de Keiko no se viene una ola de venganzas, de “grupos Colina” empresariales en formación, de cercenamiento –una vez más- de las libertades políticas o el aniquilamiento de las instituciones democráticas? Tampoco la tenemos (menos aún luego de ver el despliegue de virulencia e intolerancia que muchos de sus voceros han sacado a flote luego de la primera vuelta).
Sabemos que en la actual coyuntura, negarse al atrincheramiento a favor de uno u otro bando, no reporta beneficio alguno y acarrea más bien que llueva basura indiscriminada de ambos frentes. Pero no podemos hacer tabla rasa de nuestras aprehensiones por mera frivolidad o conveniencia. Nos reafirmamos, en ese sentido, en nuestra reacción inicial ante el resultado. El candidato que mejor pensábamos iba a poder emprender las reformas liberales que el Perú necesita no ganó. Los que han quedado no nos suscitan entusiasmo.
Ojalá, cualquiera sea el resultado, quien gane las elecciones se reconduzca por los senderos correctos, pero ello dependerá, en gran medida, de que exista una prensa crítica e independiente, hoy casi ausente en el horizonte mediático. A quienes nos exigen una toma de posición política en esta segunda vuelta, les reiteramos que para que eso ocurra tendría que quedarnos claro que una opción es mejor que la otra. Y eso, hasta el momento, no nos resulta evidente.
Juan Carlos
Tafur