La Columna del Director | 22-04-2011 | Juan Carlos Tafur
Hoy queremos reproducir una columna que publicáramos el día 8 de octubre de 2010 y que creemos no ha perdido actualidad. Lamentablemente de ser celebratoria ha pasado a ser premonitoria.
El premio Nobel de Literatura obtenido por Vargas Llosa pone el broche de oro a una trayectoria ejemplar. No solo en el ámbito literario -que la Academia sueca tardíamente reconoce- sino también a la actividad de un intelectual valiente, ajeno a las veleidades de la popularidad y consagrado al ejercicio aparentemente fácil, pero poco habitual de decir frontalmente lo que piensa.
Se hace justicia a alguien contra quien conspiraba la fallida etiqueta derechista y reaccionaria que un sector de la izquierda global le había impuesto desde que rompió con el castrismo. Vargas Llosa es crítico feroz de las veleidades colectivistas de la izquierda, pero sus enemigos proliferan también en la otra orilla.
Las banderas de Vargas Llosa son las de la modernidad liberal, abismalmente alejadas del pensamiento conservador. Es larga la historia de desencuentros que Vargas Llosa ha tenido con ese sector reaccionario, que, dicho sea de paso, hoy domina buena parte de la atmósfera política, mediática y empresarial del Perú, para cuyos integrantes y voceros, el flamante premio Nobel es, sin duda, casi un ‘caviar’ más.
Esa derecha lo creyó uno de los suyos y lo apoyó histéricamente en su postulación presidencial en 1990, pero al poco tiempo quedó en evidencia el abismo que los separaba. MVLl, hay que recordarlo, fue satanizado y odiado por la mayoría de peruanos por su oposición al fujimorato y, más allá de los protocolos, la aversión subsiste.
Vargas Llosa cree en los derechos humanos, en las libertades civiles, en la inclusión social, en la tolerancia absoluta a las ideas ajenas, en la democracia plena. Eso, para la derecha peruana, es ‘caviarada’, frivolidad rosada. Su renuncia a presidir el Lugar de la Memoria ha sido tomada como una afrenta que ahonda el malestar que ya causaba el haberse jugado a favor de la Comisión de la Verdad y de la necesidad de hacer justicia y recordar las atrocidades cometidas en la lucha que enfrentó al terrorismo con la sociedad peruana.
El discurso de Vargas Llosa sigue siendo minoritario en el Perú. La modernidad liberal es vista por un sector de la izquierda como un acta de rendición a la maquinaria capitalista. En la derecha conservadora hay dos vertientes y no sabemos cuál de ellas es peor que la otra. Para la ‘élite’. dicha modernidad liberal, es una reliquia comunistoide que hay que extirpar; al resto, el nivel intelectual solo parece alcanzarles para creer que la modernidad tiene algo que ver con la nueva tecnología de televisores, celulares y automóviles.
El Nobel incrementará el volumen de una voz cívica y libertaria imprescindible en estos tiempos, para librarnos de la banalización política que desde la derecha y la izquierda se quiere imponerle al país. “El Perú soy yo, aunque a algunos peruanos no les guste”, dijo Mario Vargas Llosa en la conferencia de prensa brindada luego de conocerse la distinción recibida. No son pocos, lamentablemente. Y es bueno que él lo recuerde y que lo subrayemos. A la fiesta celebratoria no están invitados todos.
Juan Carlos
Tafur