La Columna del Director | 23-04-2011 | Juan Carlos Tafur
Hay de todo pelaje. Respetamos a aquellos que supieron poner la cara en los momentos más difíciles, cuando la investigación judicial lindó con la persecución política. A ellos los defendimos, enarbolando el criterio del proceso justo, en esos tiempos difíciles. Con las disculpas de soslayar algún nombre, entre ellos colocamos a Carlos Raffo, Martha Chávez, Luz Salgado, Carmen de Lozada, Santiago Fujimori, la propia Keiko, que mostró irreprochable dignidad al final del mandato de su padre. Podrá haber discrepancias, pero no agravios.
No podemos decir lo mismo de los fujimoristas cobardes, que en esos tiempos se escondieron, hasta se declararon indignados por la corrupción que –según ellos- no vieron, se permitieron despotricar contra el gobierno que los amamantó, y pasar piola estos últimos diez años, pero hoy, que ven nuevamente el poder a la vista, sacan sus trajes de luces y se envalentonan, insultando a diestra y siniestra.
Ollanta Humala les sirve solo de pretexto. Por eso chillan cuando se busca moderación en las orillas nacionalistas. No, ellos necesitan un demonio que les permita disfrazar su reaparición fujimorista como si fuera “una lucha por la libertad”.
Eso es, quizás, lo peor, que se dicen liberales. No haber cobrado, por ejemplo, su bono de éxito por lograr que las azucareras de Chiclayo sean capturadas por un grupo empresarial del que han sido consultores y directores, los pone alteraditos. De nada sirvió que subastaran portadas y columnas de opinión. Lo gracioso y hasta patético es que son los mismos que cuando fueron altos funcionarios del fujimorato no tuvieron empacho en regalarles millones de dólares a banqueros amigos que habían cometido trastada y media, y que hoy no están presos gracias a la rentada ayuda recibida.
La verdad monda y lironda es que, inclusive si la segunda vuelta hubiese sido entre su hoy candidata y Toledo, también habrían encontrado la manera de desatarse las trenzas. Que vayan, pues, a contarles a otros el cuento de que les preocupa la libertad y el desarrollo del país.
Su renovado ímpetu fujimorista no es respetable. Aquel que abandonó el barco cuando se hundía no merece crédito alguno. La línea dura del fujimorismo nos genera rechazo, pero –reiteramos- la entereza de sus portavoces nos despierta respeto y nos permite albergar alguna expectativa respecto de que sabrán corregir errores si les sonríen las urnas.
Pero aquellos que solo se sacan la careta cuando huelen el triunfo, no deberían ni siquiera ser alojados en las tiendas del fujimorismo. Su torpeza es, además, mayúscula. Es que la desmesura del cobarde reciclado es peor que la del converso. Los puntos que gane Humala se los deberá a esta manada –mucha de ella metida a la prensa-, que cree que puede atarantar a punta de berrinches y mentiras.
Juan Carlos
Tafur