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Jueves 17 de Mayo del 2012

La Columna del Director | 26-04-2011 | Juan Carlos Tafur

EL PAPEL DE TOLEDO

 

Expresar la intención de voto o apoyo a alguno de los candidatos en pugna por parte de intelectuales, como Mario Vargas Llosa, o por parte de medios de comunicación, a sabiendas de que ninguno de los dos reúne las cualidades suficientes para que sea un voto convencido, puede ser explicable y no merecería reproche. La tesis del mal menor no es absurda en ese nivel.

 

Pero no se le puede pedir que eso lo hagan los líderes políticos que han quedado fuera de la disyuntiva electoral. De ellos se espera que sean el fiel de la balanza en los cinco años venideros, no que ejerzan un intento de influir en el electorado, más aún cuando dicho esfuerzo será inocuo.

 

En la perspectiva del 2016, Alejandro Toledo es el único que puede estar obligado a pensar en ello. Pedro Pablo Kuczynski y Luis Castañeda no creemos que sean ya figuras políticas para entonces.

 

Se sabe que dentro de Perú Posible hay un sector que presiona a favor de que su líder se la juegue por Humala. Es más, aparentemente ya estaba casi listo un documento en ese sentido.

 

Toledo cometería un grave error si lo hace. Y lo más grave no sería que se la juegue por uno de los candidatos y éste pierda, sino lo contrario. El riesgo letal es que gane. Simple y llanamente, si eso ocurriera,  le habría regalado para los siguientes cinco años el liderazgo de la oposición a otros.

 

Puntualmente hablando, si Toledo decide apoyar explícitamente a Ollanta Humala y el líder nacionalista logra el triunfo, la lideresa de la oposición y segura Presidente el 2016 será Keiko Fujimori. Y Perú Posible verá rebajada su autoridad moral para denunciar cualquier exceso que el humalismo cometa desde el poder (respecto de lo cual, todos los indicios señalan que los cometerá, particularmente en el campo económico).

 

Resulta evidente que entre Toledo y el fujimorismo hay heridas abiertas y rencores insalvables, pero no pueden ser ellos motivo para perder la brújula. Sobre todo porque no estamos frente a una elección donde haya claridad respecto de ninguno de los candidatos.

 

Keiko dice que el gobierno de su padre no fue una dictadura. Bueno, pues, Ollanta dice que Chávez no es un dictador. Fujimori conlleva el riesgo de recaer en el clientelismo y un populismo de derechas. Pues Humala conlleva el riesgo de caer en el estatismo y en un populismo de izquierdas.

 

Desde el punto de vista de la modernidad liberal ninguna de las candidaturas asegura un avance para el país. Si es ese el nicho en el que se quiere colocar Toledo, mal haría hipotecando su activo político por los siguientes cinco años. No le aportará nada al beneficiario de su endose y solo perdería el protagonismo opositor que le cabe desempeñar.

 
Juan Carlos
Tafur

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