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Jueves 17 de Mayo del 2012

La Columna del Director | 29-04-2011 | Juan Carlos Tafur

SUGERENCIAS PARA EL DEBATE

 

El principal problema que los dos candidatos finalistas exhiben es la altísima incredulidad que despiertan en un porcentaje importante de la ciudadanía y que se expresa en la intención de viciar el voto, dejarlo en blanco o no saber aún por quién votar.

 

La tarea principal de ellos, por esa razón, está basada en otorgarle verosimilitud a sus mensajes. Para ese efecto desarrollan sus propias estrategias. Para interés de los votantes se requiere, sin embargo, de algo más. Y, por lo que se ve no bastan las entrevistas que otorgan.

 

Si lo que finalmente se quiere determinar es cuánta sinceridad hay detrás de sus promesas recicladas, el debate o los debates a ser programados, pueden ser cruciales. Pero deberán salirse de la tradición protectora que los mismos han tenido hasta el momento, hechos a la medida y pedido de los propios participantes. Eso debe cambiar.

 

1.- Que se realicen con ambos en un escenario libre de atriles protectores, a cuerpo expuesto. En esta contienda, signada por la confusión, mucho importará que el público juzgue la seguridad corporal, los gestos faciales, signos de credibilidad.

 

2.- Que no tengan papeles a la mano. La lectura de textos escritos no puede ser admitida (para eso está la franja electoral o los mítines). Por cierto, la elocuencia no es a priori un indicador de mayores o menores cualidades para gobernar, pero eso no es lo que importa saber sino si conocen el tema del que hablan. Sus promesas valen en cuanto demuestren que han estudiado y dominan la problemática.

 

3.- El moderador debe participar lo menos posible. Que, como se hace en Chile o en los Estados Unidos, se establezcan bloques donde se hayan establecido previamente solo los tiempos (3’, luego varios de 1’, sin intervención del moderador), donde los debatientes aborden los temas planeados, uno tras otro. Podrán ahondar sus planteamientos, cuestionar al adversario, es su tiempo, pero que se vea una discusión, un debate, no una sucesión de monólogos. El objetivo de hacerlos preguntarse mutuamente fue bueno, pero al final se demostró que no cumplió lo pretendido. Mejor es dejar en libertad de los candidatos de hacer uso de su tiempo como buenamente lo estimen. El público sabrá juzgar si evaden o no una interpelación.

 

Ojalá los organizadores sean firmes en esta decisión. Si se quiere de verdad que los debates sean productivos, hay que cambiar radicalmente el formato tradicional. Así no les guste a los candidatos. Los que interesan, en este sentido, son los votantes.

 
Juan Carlos
Tafur

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