Como es sabido, Diario16 tuvo una opción electoral clara en la primera vuelta. En esta segunda vuelta, el equipo editorial conformado por los periodistas –no por los dueños- estima que sería poco elegante y oportunista volver a embarcarse en semejante apuesta, sobre todo porque mantiene respecto de ambos candidatos serias reservas.
Es más, podríamos decir que ya Toledo era para nosotros el “mal menor” en la primera vuelta electoral. Supondrá, amigo lector, cómo asumimos la jornada definitoria.
Quien escribe, eventualmente se animará a tomar una decisión y quizás a manifestarla. Hasta el momento no estamos en posibilidad de hacerlo y creemos que nuestro aporte es ir más allá de lo evidente, buscando la entrelínea, la “historia” detrás de lo aparente en ambas candidaturas. Se puede hacer buen periodismo informativo y de opinión sin necesidad de embanderarse.
Pero no podemos dejar de manifestarnos respecto de la andanada de agresiones que muchos colegas reciben porque expresan un punto de vista o porque se abstienen de hacerlo. Por cierto, siempre habrá beligerancia y ella es bienvenida. Pero cuando de ella se pasa a la intolerancia vejatoria, ya se traspone los umbrales de la civilidad democrática.
Por nuestra parte, si –bajo las consideraciones de aprehensión señaladas al inicio de esta columna- eventualmente considerásemos que Keiko Fujimori es el mal menor, lo diremos sin por ello sentirnos una reedición de Crousillat o de Pepe Olaya. Mucho menos fujimontesinistas reciclados. Y si fuera por Ollanta Humala, nos valdrá madre que nos digan peones de Chávez, caviares chantajeados por lo “políticamente correcto” o demás perlas que en estos días se suele escuchar en las redes y en los medios. Lo mismo si al final nos inclinamos por votar en blanco o viciar nuestro voto.
Las precauciones radicales que personajes como Mario Vargas Llosa, Gustavo Gorriti, César Hildebrandt, por citar a algunos, entre muchos otros, a quienes les debemos respeto, sin duda nos obligan a pensar y repensar. Pero no nos pueden llevar a la parálisis o al silencio abrumado. Lo mismo ocurriría si se manifestasen, con el mismo énfasis, personajes de similar probidad que los mencionados, en contra de Ollanta Humala.
Mucho menos pues, lo deberían hacer los fujitrolls, ppkausas enfebrecidos, pitucos cojudos o extremistas radicales. La gritería de la manada no puede acorralar ni aturdir a decenas de colegas decentes y honestos, como son la mayoría de profesionales que conocemos. Creemos que, más bien, ayudará a la salud moral del periodismo que muchos de sus portavoces se liberen de hipotecas y sepan que decir su verdad solo ofenderá a quienes no los aprecian de antemano. Por ende, a aquellos que no valen la pena. Si en esta difícil contienda es Keiko, Ollanta, el blanco o el viciado la elección, bienvenida sea, si se funda en razones de conciencia. De antemano, de nuestra parte, expresamos nuestro respeto absoluto a la opción individual de cada quien.
Juan Carlos
Tafur