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Jueves 17 de Mayo del 2012

La Columna del Director | 06-05-2011 | Juan Carlos Tafur

¿ENTRE DEMONIOS Y ÁNGELES?

 

Normalmente, uno se pregunta después de una elección cuál va a ser la actitud inmediata de los que triunfan. Si efectivamente cumplirán con lo que prometieron, si la suya será una gestión destinada a tender lazos y construir un escenario de gobernabilidad democrática, dado que –en el caso particular que nos convoca, ninguno tiene mayoría parlamentaria-, etc., etc.

 

El nivel de intolerancia puesto de manifiesto en esta contienda (aunque cabe mencionar que surge más bien de los entornos y no de los propios candidatos), nos lleva a preguntarnos más bien qué va a pasar con los derrotados.

 

En estos días hemos conversado con actores de ambos lados. Y los discursos son francamente delirantes. Por un lado, quienes dicen que si gana Ollanta Humala, la opción es el sabotaje, utilizar todo el aparato mediático y empresarial para acorralarlo y condenarlo al caos. “Allendizarlo” al extremo de provocar su pronta salida del poder.

 

Del otro lado, si gana Keiko Fujimori, movilizar a las calles, en regiones fundamentalmente, tejer alianzas legislativas de bloqueo y exacerbar así que el fujimorismo produzca la ocurrencia de golpes de mano que legitimen, a su vez, una lucha política frontal que tire por la borda la “continuidad del modelo mercantilista autoritario” de las últimas décadas.

 

Vemos riesgos en ambos, sin duda. No tenemos certezas respecto de ninguno y sí, muchas dudas, pero honestamente -salvo que pequemos de lesa ingenuidad- no vemos en ninguno los demonios que desde las trincheras enemigas quieren construir.

 

Por el contrario, creemos que la propia coyuntura electoral puede permitir que su enfrentamiento democrático en una segunda vuelta puede lograr el efecto histórico positivo de que las dos únicas fuerzas realmente populares que hay en el país, que inclusive disputan las mismas bases sociales, logren sentar algunas anclas dentro del sistema, tal como en apariencia lo vienen haciendo formalmente.

 

Si eso ocurriera, el Perú en su conjunto habría dado un paso gigante en la consolidación de los parámetros básicos que han permitido salir de la postración de la década de los 80 y nos olvidaríamos, quizás para siempre, de los sobresaltos recurrentes que sufrimos cada cinco años.

 

Y ello va a depender, en gran medida, no solo de lo que haga cada uno de ellos si triunfa, sino también de lo que haga si pierde. Si las voces termocéfalas son las que priman, y con ellas sus visiones apocalípticas, nos asomaremos a un escenario de terror. Pero si las palabras hasta ahora empeñadas son las dominantes, la elección del 5 de junio se podrá leer, a la luz de la gran historia, como un momento de quiebre positivo. Hacemos votos sinceros para que así sea.

 
Juan Carlos
Tafur

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