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Jueves 17 de Mayo del 2012

La Columna del Director | 07-05-2011 | Juan Carlos Tafur

MEA CULPA EMPRESARIAL

 

Si hay algún sector que debería estar revisando sus propios actos políticos de los últimos tiempos, es el del gran empresariado. Su actitud acrítica respecto de los andares del régimen actual –con quien ha ejercido un cogobierno- lo hace corresponsable del estado de cosas que ha permitido que un grueso sector de la población excluido haga sentir su voz electoral tras el candidato que hoy los aterra.

 

No les sirvió un ápice el llamado de atención del 2006. Salvo para agregar membretes como “inclusión social” en cuanto evento se organizaba, en la práctica se dedicaron a festejar y gozar de los beneficios de un gobierno que fungió de mesa de partes de sus requerimientos.

 

A inicios de los 90 también corrieron igual susto cuando gana las elecciones Alberto Fujimori. Entonces tomaron la decisión de hacer que varios de sus representantes participaran en política. Hoy ya no lo hacen, pero participan tras bambalinas creyendo que su dinero puede ser capaz de ‘direccionar’ voluntades políticas.

 

Lo lamentable es que parecen demostrar la misma torpeza. Puntualmente hablando, son ellos los responsables, por ejemplo, de una candidatura artificial como la de Pedro Pablo Kuczynski, que logró sacar de carrera a Alejandro Toledo, pero permitió que Ollanta Humala creciese lo suficiente para llegar a la segunda vuelta.

 

Su entusiasmo pueril casi saca también de carrera a Keiko Fujimori y logra que PPK dispute la elección contra el líder nacionalista. Imaginemos nomás en qué circunstancias estaríamos hoy si hubiesen tenido éxito. Las encuestas nos mostrarían a Humala con 70% de intención de voto frente a un 20 o 25% de un PPK, quien claramente tenía un techo insalvable frente a sí.

 

A pesar de ello, hoy los vemos desesperados tratando de alimentar la candidatura de Keiko Fujimori. Hechos un atado de nervios arman bolsas, movilizan recursos y agitan billeteras para impedir que gane el candidato que amenaza con tirar por la borda los parámetros básicos del modelo económico.

 

Keiko Fujimori, con inteligencia, los mantiene aparte. Sabe que ellos son los que menos importan en esta elección. No va por ello a la cita implorante de la Confiep. Y hace bien. Los niveles de insensatez política que tienen los líderes empresariales aconseja, a cualquiera que quiera cosechar las adhesiones populares, mantenerlos lo más alejados posible. Y tiene claro también que continuar sin cambios el modelo de gobierno alanista –que los tuvo de comparsas- es absolutamente inviable.

 

En el Perú queda más que claro que es difícil y contraproducente gobernar en contra de los grupos de poder. Pero  más claro queda que resulta imposible gobernar con ellos de la mano. Menos aún, si no tienen la capacidad de hacer un mea culpa de los tremendos desaguisados de los que son responsables.

 
Juan Carlos
Tafur

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