La Columna del Director | 08-05-2011 | Juan Carlos Tafur
Compartimos con ustedes el análisis que un amigo –cuyo anonimato prefiere guardar- nos hizo llegar recientemente y que arroja enormes sombras para el país, sea cual sea el resultado que ocurra el próximo 5 de junio. No lo compartimos al pie de la letra, pero de hecho es un escenario posible y temible.
1.- Si gana Ollanta Humala, las inmensas expectativas despertadas en los sectores populares respecto de su triunfo lo obligarán a destinar ingentes recursos fiscales para estar a la altura de las exigencias. Si a ello se suma que su programa de gobierno –aún bajo la hipótesis de su moderación- adolece de serias deficiencias, lo más probable es que termine generando impasses y retrocesos.
En esa circunstancia, la oposición se tornará beligerante, tensando las relaciones políticas a extremos en los cuales la posibilidad de que Humala patee el tablero estará a la vuelta de la esquina. Si encima goza de popularidad debido al dispendio fiscal, la tentación autoritaria estará presta a ser recorrida.
2.- Si gana Keiko Fujimori, tendrá no solo mayoría parlamentaria en contra sino que los principales gobiernos regionales –sobre todo aquellos donde se asientan los enclaves mineros o energéticos- buscarán que trazar de arranque su cancha.
Mano dura ha ofrecido Keiko Fujimori. ¿Pero frente a la protesta social tendrá las manos libres para actuar, existiendo el temor de que excesos en una política represiva podrían mimetizarla de inmediato con el esquema autoritario del gobierno de su padre, del que justamente quiere distanciarse? La disyuntiva es: o asume una férrea actitud de mando o es sobrepasada por la calle. En ambos casos, se coloca prontamente en un escenario de conflicto que puede marcar la integridad de su mandato (y ya se ha visto que la calle movilizada jaquea al régimen más pintado).
3.- Ambos tienen frente a sí un desafío que no ha sido correctamente ponderado. Nos comentaba el remitente del análisis que, según sus estudios de las elecciones locales y regionales, ¡por lo menos el 40% de las autoridades elegidas o están vinculadas al narcotráfico o son claramente narcotraficantes! Este poder fáctico tiene juego propio y no está, queda claro, entre sus parámetros la preservación del orden democrático ni mucho menos. Sea Fujimori o sea Humala quien lleve las riendas del poder a partir del 28 de julio, la droga marcará una agenda propia, potenciada por el fácil acceso que ha tenido, sobre todo, en las provincias, a cuotas de poder político.
Para muchos la incertidumbre social y política acabará el 5 de junio. Compartimos con el análisis que reseñamos, que la verdadera lucha en favor de la democracia recién comenzará cuando, cualquiera de ellos, asuma el poder. Tiempos difíciles se nos vienen. Sin duda, el Perú no será el mismo en adelante y dependerá de las reservas morales de todos el que se pueda impedir que el descalabro sea nuestro destino.
Juan Carlos
Tafur