1.- En el plano formal, Keiko Fujimori se desenvolvió con mayor aplomo y solvencia, manejó mejor la escena y tuvo un dominio superior al de su rival de la elocuencia oratoria. Ollanta Humala empezó demasiado tenso y nervioso y, por ende, su discurso fue menos fluido (casi hasta podríamos decir que su desempeño en el 2006 contra Alan García fue mejor).
Es verdad que ambos acudieron a la cita del domingo último con un guión aprendido, tan memorizado que dejaron pasar sinfín de oportunidades de dar una respuesta fulminante frente a un error del otro. Parecía, inclusive, que ni siquiera se estaban escuchando, salvo cuando Keiko acusó recibo de las imputaciones de Ollanta.
2.- En el plano político creemos que la cosa fue distinta. En este nivel, a pesar de su deficiente oratoria, Humala fue más acertado. No se cansó de repetir el vínculo de KF con el gobierno de los 90, acentuando los niveles de corrupción de los cuales la hacía cómplice, y detallando gazapos de algunos de sus colaboradores actuales. OH metió constantemente el dedo en la llaga más sangrante de su adversaria.
No deja de sorprender que KF no haya siquiera aludido a los flancos débiles de su oponente, como su eventual vinculación política o ideológica con Hugo Chávez o el carácter estatista de su original programa de gobierno. Ni una sola palabra al respecto.
Ingenuamente se dedicó exclusivamente a enrrostrarle sus sucesivos planes. Y no creemos que, en ese aspecto, a la ciudadanía le importe mucho el tema. Ninguna encuesta cuantitativa o cualitativa señala que ése sea un pasivo de OH. Por el contrario, es el argumento que el nacionalismo emplea para demostrar que ha moderado su discurso original.
En términos políticos, quizás, por ello, estemos ante una suerte de reedición invertida del debate que sostuvieron en 1990 Mario Vargas Llosa con Alberto Fujimori, en el cual el “ganador” formal fue el candidato del Fredemo, pero quien obtuvo los puntos que le hacían falta para asegurar su triunfo final fue el candidato de Cambio 90. Esta vez, Fujimori habría estado del lado equivocado.
3.- Si queremos referirnos finalmente al tema de las consecuencias electorales del debate, asumiendo los niveles formal y político señalados, en verdad es un asunto que excede nuestra capacidad de análisis. ¡Vaya uno a saber cómo diablos puede haber registrado la ciudadanía –sobre todo la indecisa- la puesta en escena que analizamos! Solo lo sabremos con las primeras encuestas “secretas” que saldrán desde mediados de esta semana final.
Juan Carlos
Tafur