Lo primero que deberán hacer Ollanta Humala o Keiko Fujimori, de ganar las elecciones, es anunciarle al país la inclusión de nombres claves en ciertos cargos, que garanticen que los temores que existen respecto de ambos, por distintas razones, se disipen lo antes posible.
Ya se ha dicho, pero es bueno repetirlo: Humala tiene que ofrecer un gabinete que tranquilice a algunos grupos empresariales nerviosos respecto de que las líneas maestras que permiten el crecimiento no serán modificadas. Al mismo tiempo, nombres que presidirían organismos como el Banco Central de Reserva, la Sunat, la Superintendencia de Banca y Seguros, el Indecopi, etc.
En el caso de Keiko Fujimori, no es por ese lado que debe dar tranquilidad. Es por el lado político. El mayor daño que ella ha sufrido en estos últimos días ha sido el provocado por sus principales voceros, habiendo llegado al clímax con la puesta en escena histérica de Rafael Rey (si Keiko pierde ya sabe a quién responsabilizar, entre otros, de la derrota), quienes se han encargado de destrozar la estrategia de centramiento de la candidata de Fuerza 2011.
Ella deberá aquietar las aguas –y tranquilizar el revanchismo larvado de su ala dura- en el ámbito de las instituciones democráticas. De hecho, un gabinete independiente tendría que ser el primer paso a dar. Y dentro de él, incluir personajes de probada trayectoria institucional y democrática.
Ni Humala ni Fujimori deben permitir que las fuerzas radicales que ambos albergan en su seno terminen por manejar la agenda. Normalmente eso suele ocurrir y por ello nuestra advertencia. Los jacobinos, por su propia naturaleza beligerante, tienen mayor capacidad de cooptar a los líderes e imponer sus prioridades.
Si eso ocurriese, nada bueno viene para el país. Y no porque temamos que triunfe la estrategia de “tierra arrasada” sino, por el contrario, porque creemos que fracasaría. Si gana Humala, y sus talibanes quieren desatar tormentas, van a hacer el ridículo y el mayor daño se lo van a hacer no a sus enemigos, sino al propio líder nacionalista.
Lo mismo en el caso de Keiko. Si su círculo termocéfalo quiere aprovechar el poder para vengarse, no lo va a poder hacer. Y más temprano de lo que piensan, terminarán pasándole la factura a la lideresa de Fuerza 2011.
El problema es que en ese lapso, en el cual los “halcones” de ambas agrupaciones intentarán imponerse infructuosamente, el país pagará las consecuencias. No solo se perderán tiempo y energías, sino, lo que es más preocupante, se abrirán heridas que luego serán más difíciles de restañar que las propias generadas durante la campaña electoral.
Juan Carlos
Tafur