Que la Bolsa de Valores se desplome, como ha ocurrido ayer, era algo absolutamente previsible. La verdad es que no es muy relevante, ya volverá a subir, y queda claro, finalmente, que los valores a los que la mayoría del país le ha dado más importancia son otros.
Pero es un síntoma que no puede ser desatendido por el flamante presidente electo. Porque denota la enorme incertidumbre que genera su próximo gobierno. Y ojalá nadie de su entorno le haga creer que estamos frente a un sabotaje financiero ni una conspiración del Gran Capital. Que hay grupos empresariales antidemocráticos y que operan políticamente, no lo dudamos, pero eso es harina de otro costal.
Más preocupante, en todo caso, que lo ocurrido con la Bolsa es lo que viene sucediendo con el flujo de inversiones, el cual prácticamente se ha paralizado a la espera de ver por qué sendero transitará la gestión entrante desde el 28 de julio. Y nadie, pues, suspende una inversión en marcha para fregar al gobierno. El principal afectado con esa decisión es el propio inversionista.
Humala necesita seguir dando señales. No basta su carta de compromiso, su convocatoria a independientes o su juramento. Para la campaña fueron útiles, para gobernar necesita más. Nadie tiene el derecho de exigirle que haga un gobierno de derecha, pero ojalá le quede claro que en materia de macroeconomía no hay derechas ni izquierdas sino decisiones correctas e incorrectas.
Se menciona el nombre de Beatriz Merino como Premier, el de Raúl Salazar para Economía y, presuntamente, Merino habría solicitado que se mantenga Julio Velarde a la cabeza del Banco Central de Reserva. Si así ocurriese, sería sumamente beneficioso. Y doblemente positivo que se anuncie lo más rápido posible. Varios nombres se pueden añadir a la baraja. Quizás Liliana Suárez, destacada tecnócrata con predicamento internacional. O Ramón Barúa del Grupo Interbank. El propio Eduardo Ferreyros, actual ministro de Comercio Exterior.
Lo importante, sin embargo, además de la rapidez, es que el menú completo final no sea un arroz con mango, que haya cierta coherencia. Y es posible perfectamente conjugar la presencia de los nombres citados con los programas sociales y cambios prometidos por Gana Perú. Porque hay que tener presente que Humala debe darles tranquilidad no solo a los inversionistas privados, sino también al pueblo olvidado que tiene inmensas expectativas respecto de un cambio sensible a su favor.
Juan Carlos
Tafur