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Jueves 17 de Mayo del 2012

La Columna del Director | 16-07-2011 | Juan Carlos Tafur

Las dos Keikos

 

Reaparece y le exige a Ollanta Humala que ponga orden en su propia casa, a propósito del desmadre causado por el impasse de su hermano Alexis. Al día siguiente declara que evalúa solicitar el indulto para su padre por razones humanitarias.

 

Queda más que claro que Keiko Fujimori, y con ella el fujimorismo, no logra aún definir su perspectiva política. Sufrieron las consecuencias de ello durante la campaña. Es más, perdieron la elección por no saber definir un perfil (además, claro, de los innumerables errores cometidos).

 

Para decirlo con menos recovecos argumentales, si el fujimorismo quiere constituirse de verdad en un movimiento político permanente, que sobreviva a su líder fundador, tiene que poner en agenda la superación efectiva del llamado “albertismo”.

 

El guión del indulto, en esa medida, es entendible que forme parte de las querencias de su hija Keiko, pero políticamente no debería ser ella la portavoz de un requerimiento que más que político es judicial. Keiko debe dejar de ser la hija de Alberto si quiere seguir en la vida política peruana como protagonista.

 

De hecho, creemos que el 2016, si nada extraordinario sucede, ella debe estar disputando la segunda vuelta electoral y probablemente ungiéndose como la primera presidenta mujer en la historia peruana. Pero eso pasa por lograr que se consolide efectivamente una opción política auténtica, y no el mero remanente memorioso del régimen que nos gobernó la última década del siglo pasado.

 

Ya ha sido un avance notable que el fujimorismo haya logrado incorporar elementos democráticos y liberales en la candidatura de Fuerza 2011. Lamentablemente se convocó, y fueron más protagónicos en la campaña los elementos conservadores, autoritarios y populistas. Lo mínimo que se espera es que esa disyuntiva ya deje de ser crucial en el fujimorismo.

 

Keiko tendrá que cargar la alforja de una bancada conformada mayoritariamente por la vieja guardia, pero su propia agenda le impone erigirse, por su solo peso político, en un rostro que subraye la saludable migración del fujimorismo hacia un centrismo democrático.

 

Cinco años es un plazo largo. Suficiente para diseñar esa estrategia. El fujimorismo ha demostrado tener arraigo popular y posee, sin duda, las hormonas suficientes para enfrentar la adversidad. No somos de aquellos que creen que merece una condena a cadena perpetua política por los desaguisados de los 90. Queda esperar, sin embargo, que de su propio seno se reafirmen sus tendencias más modernas. Si se persiste en el error de hacer de la nostalgia por la figura del padre fundador el eje temático principal, el fujimorismo correrá el mismo destino que el pradismo o el odriísmo.

 
Juan Carlos
Tafur

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