Imposible no escribir sobre el valioso resultado futbolístico obtenido ayer por Perú y su clasificación a las semifinales de la Copa América. Mucho hay por comentar, más allá de la anécdota futbolera, sobre lo cual abundarán los periodistas especializados.
Markarián lo dijo en la conferencia de prensa posterior al partido. Este resultado no solo une al país alrededor de la selección –sobre todo a los jugadores, ya que la afición siempre ha acompañado al equipo hasta en las peores circunstancias-, sino que es un resultado extraordinario…, no para este torneo sino para las eliminatorias.
El orden, la planificación futura y el sentido táctico, son parte del aporte del entrenador uruguayo. Pero más que eso, creemos que es la actitud impresa, revelada por él mismo en su temperamental conferencia de prensa luego de la derrota con Chile, que reforzó, sin duda, su liderazgo y el espíritu que identifica a esta selección.
Hoy, los peruanos van a las pelotas divididas de igual a igual, golpean todo el partido –con inteligencia, pero golpean-, no se dejan pasar por encima jamás. Difícilmente creemos que saldremos de algún partido de esta selección con ese sabor amarguísimo que a veces nos colmaba, inclusive después de haber ganado, porque nos habían molido a patadas y nuestra respuesta era la testa baja y el recurso saltarín.
Markarián no respeta la identidad del fútbol peruano, le critican algunos. ¿Cuál es esa identidad?, preguntamos. ¿La de la quimba inútil, la del circo para las tribunas? ¡Por favor! ¿Cómo fue el legendario partido de La Bombonera? Allí no aparecieron los “genios” (y no diremos nombres para no alimentar querellas de camiseta), sino el temple de los Chumpitaz, Challe, Cruzado, ‘Cachito’. Así ganamos el partido símbolo de nuestra pobre historia futbolística.
Así juega Perú, hoy. Lo reiteró don Sergio ayer mismo. Esta selección está más cerca de la U que él entrenó, que el exquisito Cristal que también dirigió. Si nos sobrase talento en todas las líneas, sería torpe no aprovecharlo. Pero recordemos el penoso “fútbol macho” que Roberto Scarone quiso imponer a pedido del dictador Juan Velasco, en las eliminatorias del 74, y que hizo que un pobre Chile nos sacara de ir a Alemania.
La magia de Markarián radica en eso. En saber qué tiene, en disponer que cada quien dé lo mejor de sí, pero, sobre todo –y eso es lo que más nos gratifica, más allá de los resultados- en imbuir a sus jugadores de la autoestima que vestir la camiseta patria debe generar. Así juega Perú.
Juan Carlos
Tafur