En términos personales, salvo dos o tres a quienes no conocemos a cabalidad, se puede decir que el gabinete ministerial armado por Ollanta Humala reúne varias condiciones indispensables para la gestión pública: honestidad, probidad, inteligencia y capacidad.
Lo que no tiene, sin embargo –y es preciso anotarlo-, es experiencia política. Muy poca o ninguna. Quizás llevado por la natural irritación que le debe haber producido la incontinencia verbal de Alejandro Toledo, atribuyéndose exageradamente el triunfo de Gana Perú, el presidente electo ha descartado la presencia de personajes políticos de Perú Posible, los cuales le habrían hecho bien para enfrentar la dura oposición que se le vendrá.
Ya Juan Sheput ha salido a precisar con entereza que este premeditado desaire recibido no afectará el apoyo de PP, sobre todo en el Congreso, que es donde más lo necesita. Pero lo ocurrido deja el mal sabor de apreciar que se ha armado un gabinete en función de presiones de último momento o reacciones emocionales, que a la postre le van a pasar factura al flamante equipo de gobierno.
Un gabinete necesita muñeca política no solo para manejar ese monstruo que es el Estado. La requiere, de modo sustantivo, para salir bien librado de las embestidas políticas que, sin duda, va a recibir. Y no hablamos solamente de las eventuales interpelaciones, sino del día a día, cuando surjan inevitables escándalos o se cometan torpezas.
¿Cuando ello ocurra vamos a espectar nuevamente el escenario de silencio que sobrevino luego del affaire de Alexis Humala? El Presidente no está para dedicarse a ello. Si alguien como Alan García, quien, en ese sentido, sabe responder, ha necesitado de parachoques ministeriales y congresales para gobernar con relativa tranquilidad, mucho más lo va a necesitar un gobierno novato en estas lides. Va a necesitar voceros y operadores.
Ninguno de los ministros nombrados tiene ese activo en su foja curricular. En su propia bancada, salvo Javier Diez Canseco y algunos más, no abunda la capacidad de enfrentar con éxito una andanada mediática o política.
Son cinco años de gobierno por delante y en esa medida, esperamos que de producirse una crisis, se sabrá aquilatar la necesidad de contar con ministros que no solo hagan gestión administrativa sino que hagan política, en el cabal sentido del término (y eso pasa, por supuesto, porque Toledo, su aliado principal, sepa ubicarse donde le corresponde y rebaje sus afanes protagónicos).
Se sabe que este gobierno no va a tener luna de miel. Existe demasiada carga política en contra como para pensar que gozará de paz duradera. Y cuando sus enemigos decidan asomar la cabeza, Humala volteará a ver su infantería y se dará cuenta que no la tiene. Esperamos que entonces sepa hacer los ajustes que corresponden.
Juan Carlos
Tafur