Siempre he pensado que el Perú es un país con procesos cíclicos, que se repiten una y otra vez como una onda expansiva a través del tiempo. Solo así puedo explicarme lo ocurrido este fin de semana en el Estadio Monumental de Universitario de Deportes.
Hace catorce años, tras la muerte de un hincha en las afueras del Estadio Nacional, las leyes que sancionan los desórdenes en los espectáculos públicos deportivos se volvieron especialmente severas. El problema es que no se cumplen. Y es ahí que quiero tomarme un tiempo para señalar algunas de las cosas que más me indignan de todo esto:
Cualquier municipalidad distrital descubre algún establecimiento sin licencia y –con toda razón y derecho- clausura el local y multa a los dueños, sin perjuicio de las posteriores acciones legales que decida tomar más adelante.
Pero el Estadio Monumental no tiene licencia para funcionar y no solo funciona, sino que recibe a decenas de miles de asistentes semana a semana sin que ninguna autoridad sea capaz de hacer cumplir la ley. ¿Le parece el colmo? Pues espere a leer lo siguiente.
El Estadio Monumental debe más de cuatro millones de soles en multas que no paga ni parece que tiene intención de pagar. Pero lo que ya parece una broma macabra son las declaraciones del señor Julio Pacheco, Presidente de Universitario de Deportes, quien ha dicho que su institución no tiene ninguna responsabilidad en la muerte del hincha aliancista, ya que los hechos ocurrieron en la zona de los palcos, que son de propiedad privada.
¿Es posible aceptar una lavada de manos semejante? Peor aún: cada vez son más fuertes los rumores de que uno de los implicados en la muerte, José Luis Roque Alejos, quien responde al alias de ‘Cholo Payet’ sería miembro de la seguridad personal del Presidente de Universitario. Que nosotros sepamos, hasta el momento, el señor Pacheco no ha aparecido en ningún medio de comunicación –hasta el cierre de esta columna- para desmentir este dato.
Esa doble moral de que no se puede ingresar con alcohol al estadio el día del partido, pero que los dueños de los palcos sí puedan meter los cajones de whisky los días martes, ‘sucks’, como dicen los gringos. Apesta. Y que las autoridades se hayan hecho de la vista gorda hasta el sábado último, también ‘sucks’.
Ahora, con un chico de 24 años reventado en las graderías, cual circo romano, nos hacemos los sorprendidos. ¿Y el club? Bien, gracias. No jugaremos el campeonato si no es con gente en los estadios. Ah, y por si acaso, no hay video. Nuestras cámaras estaban muy ocupadas grabando las puertas mientras mataban a un hincha en uno de los palcos.
Que la plata no compre la justicia. Son vándalos con la billetera gorda. Nada más. No lo olvidemos nunca.
Mariella
Patriau