El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Jueves 17 de Mayo del 2012

Columnistas | 09-10-2010 | Renato Cisneros

CONTRA EL SEÑOR DE LOS MILAGROS

 

    Perdóname, Señor de los Milagros, pero esta vez no cuentes conmigo para celebrar tu fiesta. Durante los últimos años he buscado aclimatarme a la feligresía que en cada octubre te sigue y acompaña, pero he trastabillado ruidosamente en ese noble intento.

 

    Para empezar, no he podido hacer míos los diversos símbolos con que el pueblo te rinde adoración, y paso a contarte por qué. El color morado, Señor, es absolutamente deprimente: es el color de los golpes, el color de los ahogados, el color con que nos ensucian el dedo en cada votación electoral, y es, por cierto, el color de la mazamorra, cuya existencia odio porque de niño comiendo una me tragué un guindón y quedé traumatizado.

 

    En segundo lugar, Señor, el turrón. No puedo con el turrón. Es una roca, una piedra disfrazada de caramelo. Además, las multicolores bolitas de Doña Pepa son una trampa, un viaje directo al sillón del dentista. Las caries que he tenido que soportar, Señor, por comerme ese bendito ladrillo apelmazado. Pero no solo eso. Está también el tema del incienso. Como sabes, sufro de bronquitis y esos perfumes que esparcen las sahumadoras me congestionan rápidamente los alicaídos pulmones. Además, soy neurótico, claustrofóbico y no tolero las aglomeraciones. Más de una vez he tenido que escapar de esas peregrinaciones multitudinarias donde la gente –como en un pogo religioso– parece divertirse asfixiándose en tu nombre.

 

    Si por los menos pudiera cargar el anda, Señor, pero ni eso: para ser cargador tienes que poseer una complexión alta, forzuda, y digamos que corro en anatómica desventaja.

 

    Por último, Nazareno, me irrita que se te asocie con el equipo de Alianza Lima. Eso no es democrático: no se ve bien, crea un sesgo. Soy un impenitente hincha de la ‘U’ (igual que Vargas Llosa), y entenderás que esa discrepancia no la veo subsanable.

 

    Expuestas mis disconformidades, concluyo en que quizá lo más justo para ambos sea que tú busques a otro feligrés para tus filas, y yo me vaya –con mis fobias, mi asma y mi camiseta crema– bien lejos de las agitadas fronteras de tu Reino.

 
Renato
Cisneros

Mis otra columnas
Galería Fotográfica
Galería Fotográfica
Encuesta

¿Está de acuerdo con el desempeño del Gobierno en el caso Conga?





Diviértete