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Jueves 17 de Mayo del 2012

Columnistas | 29-01-2011 | Renato Cisneros

NO DEBERÃA SER UN CHISTE

Ya conocen el chiste. Un hijo le confiesa a su padre que es gay. El padre reacciona preguntándole si acaso tiene cuenta de ahorro en dólares, auto y departamento propios. El hijo, desconcertado, le dice que no tiene nada de eso. El padre le da un golpecito en el hombro y luego le aclara: entonces, hijo, tú no eres gay, solo eres un mariconcito de mierda. 

 

A la luz de los últimos acontecimientos, el papá prejuicioso del chiste bien podría ser interpretado por Luis Castañeda. El ex alcalde –que jura que no es homofóbico y que la inclusión es su divisa– se ha visto traicionado por sus taras conservadoras, las que no ha podido subordinar a sus necesidades políticas. Dice que es respetuoso de las opciones sexuales, que no discrimina a nadie, pero cuando le preguntan por el congresista Carlos Bruce –quien desde hace un tiempo defiende con valentía a las minorías sexuales– emplea el término loca con indisimulable intención peyorativa: un desliz que, al ser negado con absurdo énfasis, se percibe más torpe todavía.

 

Mal que bien, a diferencia del ex alcalde, otros candidatos y actores de la campaña han contribuido de algún modo al debate sobre la unión homosexual. Manuel Rodríguez Cuadros, aspirante de Fuerza Social, dice estar a favor del matrimonio. Lo mismo piensa Kenji ‘tampoco, tampoco’ Fujimori, quien, en un inesperado rapto de osadía, ha señalado que incluso apoya la adopción por parte de las parejas gay, aún cuando su hermana Keiko se opone abiertamente a esa figura. (Me da enorme curiosidad saber qué tantas arritmias habrán provocado las declaraciones del menor de los Fujimori en el santurrón  Rafael Rey).

 

Por estos días también el discurso de PPK se oye muy gayfriendly, demasiado si reparamos en que dos de sus socios políticos más cercanos son Lourdes Flores y Humberto Lay, quienes se cortarían un brazo antes de respaldar el matrimonio homosexual. En la tienda nacionalista, en cambio, no se le ha oído a Ollanta Humala aportar un solo ángulo a la discusión, pero se descarta su adhesión al gremio TGLB, ya que el 2006 –por pose, interés o lo que fuere– tuvo un encuentro muy cordial con algunos representantes de la comunidad gay de la selva, con polémico besito en el cachete incluido.

 

 Por cierto, de todos los que se han pronunciado al respecto, los más previsiblemente decepcionantes vienen siendo los representantes de la Iglesia. Que Cipriani haya berreado, con la Biblia en ristre, no tendría que extrañar a nadie, pero que Monseñor Bambarén haya pedido que usemos la palabra “maricón” para referirnos a un gay, eso sí que marca una patética frontera de homofobia. Más patética todavía viniendo del representante de una institución que tiene en el abuso de niños menores su más monumental rabo de paja.

 

Con el argumento (falaz para mi gusto) de que un niño necesita el rol paterno y el rol materno para prosperar equilibradamente en la sociedad, algunos curas vienen cumpliendo una triste performance. ¿Acaso la mayoría de personas gay no son hijos de matrimonios heterosexuales? ¿Acaso la figura del matrimonio convencional puede garantizar algo a estas alturas del partido? ¿Acaso los hijos, más que roles, no necesitan amor y respeto?

 

 Esta discusión está probando un cierto remoto grado de madurez de la sociedad peruana. Lamentablemente, también confirma que tenemos una clase política pantorrilluda y bastante hipócrita cuando de hablar de opciones sexuales se trata. Lo triste es que está secundada por una casta clerical machista e intolerante que prefiere tratar a sus fieles como ovejas domesticadas antes que reconocerlos como personas con dos dedos de frente.

 
Renato
Cisneros

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