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Jueves 17 de Mayo del 2012

Columnistas | 19-02-2011 | Renato Cisneros

PREGUNTAS DE AMBIENTE

Admito que no sigo muy de cerca la agenda ecológica. No por desinterés, sino a veces por falta de una mejor comunicación. Hay ciertas cruzadas ambientalistas que, en lugar de conmoverme, me irritan por el tono fanático con que se convocan. Sin embargo, a pesar de mi falta de compromiso, comprendo que hay que urdir una revolución –mediática, intelectual, pacífica– para cambiar nuestros hábitos, si es que queremos que, mañana o más tarde, quienes nos sobrevivan no padezcan la carestía de los distintos abusos y depredaciones que hoy se cometen.  

 

En ese sentido hay dos temas que me parecen harto preocupantes. El primero es el de los Decretos de Urgencia que facilitan la operación de empresas transnacionales, liberándolas de cumplir con el total de exámenes que supone el estudio de impacto ambiental. Los voceros del gobierno dicen que esto no es cierto, que lo único que se busca es acelerar el trámite de las concesiones sin tanto bache administrativo ni burocrático. Ante esa tesis tengo algunas grandes interrogantes. Gran interrogante Uno: ¿por qué, entonces, el Ejecutivo no dijo nada cuando se diseñaron los estudios de impacto ambiental? ¿por qué no se cuestionó en su momento lo farragosos que resultaban? ¿por qué primero son seguros y proteccionistas, y después son densos y entorpecedores?  Gran interrogante Dos: ¿por qué se urde ese nefasto discursito liberal –más fanático incluso que el que emplean algunos ambientalistas al momento de defender sus causas– en el que el maltrato del ecosistema importa menos que el teórico avance del país? “Si no quieren avanzar, allá ellos”, ha declarado el presidente García, moviendo los mofletes de la papada, como diciéndonos a los cientos de peruanos a quienes esta situación preocupa: “¿saben qué?, jódanse”. ¿Acaso puede haber progreso con polución, avance con veneno, éxito con intoxicación? ¿No será todo esto, más bien, pregunto, sin ofender, una oportunista treta de quienes quieren cerrar jugosos contratos antes de irse del poder? No sé si ustedes piensan igual, pero para mí está clarísimo que hay un contingente político–empresarial al que el cuidado ambiental y la salud de la población más expuesta, le importa un verdadero carajo. Gran interrogante Tres: ¿dónde jolines está el Ministro del Ambiente, el señor Antonio Brack? ¿Por qué no dice nada? Y si algo dice, ¿por qué lo dice tan bajito? ¿Por qué no ha puesto su renuncia sobre la mesa, por lo menos hasta que los decretos en cuestión sean derogados, no parcialmente, como se ha indicado esta semana, sino por completo?    

 

El otro tema censurable al que me refería es el de los carnavales. Si es obvio que los carnavales ya dejaron de ser hace rato la tradición virreinal recreativa retratada en las estampas de Pancho Fierro; si además es unánime la opinión de que crean un escenario magnífico para el incremento de la delincuencia; y si es, digamos, por lo menos irresponsable el gasto de agua que se hace en esas salvajes refriegas callejeras; si todo eso es verdad, ¿por qué diablos no se prohíben los carnavales? El proyecto de Agua para Todos sufre por abastecer a los pueblos más vulnerables del país, y aquí en Lima –no sé cómo será en provincias– nos arrojamos globos, nos disparamos chisguetes, nos lanzamos baldazos llenos de un agua que cada día resulta un bien más escaso. Tan escaso como el lesionado cerebro de aquellos que nos quieren convencer de que el derecho ambiental de los peruanos  no es un escudo, sino un obstáculo. Obstáculo a sus intereses, quizá. 

 
Renato
Cisneros

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