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Jueves 17 de Mayo del 2012

Columnistas | 02-04-2011 | Renato Cisneros

¿POR QUÉ NO VOTARÍA POR OLLANTA?

 

Porque me da terror confirmar que entre su plan de gobierno y sus ofrecimientos mediáticos hay una enorme brecha de contradicciones. Los párrafos dedicados al tratamiento que un eventual gobierno suyo tendría respecto de los medios de comunicación son para asustarse. Cita el modelo argentino como si se tratase de una referencia atendible y responsable, cuando es el modelo que más criticas recibe por parte de la Sociedad Interamericana de Prensa. Después de la experiencia castrante del fujimorismo –y ante la imperiosa necesidad de un gobierno que nos garantice libre opinión– este asunto es especialmente sensible. A qué se refiere exactamente Humala cuando al final del capítulo 2 de su plan nos advierte que: “Se asegurará que los medios estén al servicio de la democracia”. ¿Quién se asegurará? ¿De qué manera? ¿Podría definirnos antes qué entiende por 'democracia'? 

 

No votaría por él porque es incapaz de admitir que alguna vez tuvo simpatías por Hugo Chávez (en el supuesto negado de que ya no las tenga). Le cuesta referirse al régimen venezolano como lo que es: una dictadura. Lo más patético es que se anda con ambages cuando alguien le pilla coincidencias con el pensamiento nacionalista bolivariano. Es más, en ese promocionado video en el que aparece Chávez entrevistado por Univisión en 1998 –y que se ha difundido tanto por redes sociales– el entonces aspirante a mandamás caribeño es un calco del Humala 2011: corbatita tiesa, tono conservador, falsas promesas, sonrisa farsesca. 

 

No votaría por Humala porque sus voceros pregonan una engañosa filosofía justiciera. Sostienen que para incluir a los marginados en el tren de avance económico se debe hacer, más o menos, una repartición equitativa de los activos del país. Ese rollo tiene un agrio tufo a Velasco. La rancia teoría de que hay que quitarles a los ricos para darles a los pobres solo promueve tensión, enemistad, violencia social. Además, ni Humala es Robin Hood, ni el Perú el bosque de Sherwood. Estoy seguro de que los pobres, antes que ser asistidos, preferirían ser educados, tecnificados, instruidos para administrar sus recursos, promover pequeñas empresas y cosechar su propia riqueza. Eso les daría dignidad, autoestima, conciencia de sí mismos. A los ricos no hay que quitarles nada de lo bien ganado que tienen. Hay, sí, que cobrarles toditos los impuestos que deben; regularlos con ferocidad, sin ventaja, para que no cometan abusos; y vigilarlos todo el tiempo para evitar que alimenten esos círculos de corrupción de los que tanto beneficio obtienen.   

 

No podría votar por Humala porque no siento que represente a los buenos militares del país. Mi padre fue militar. En 1995 intentó postular al Congreso, porque tenía el sueño de devolverle a las FF.AA. algo de la decencia que le arrebató Montesinos. Nada de lo que decía mi padre respecto de lo que tendría que hacerse con el Ejército se lo he escuchado decir al señor Humala. 

 

Finalmente, no lo respaldaría porque me parece que acomoda su pensamiento a sus necesidades. En el 2009 dijo muy claramente que estaba a favor de las minorías sexuales, que los derechos de los TLGB no debían ser distintos a los de los demás ciudadanos. Hace dos semanas, sin embargo, recibió un rosario de Cipriani y salió a la prensa a criticar el matrimonio gay.   

 

No me sorprende que a muchos peruanos Ollanta les parezca un candidato atractivo. Dice cosas que otros no. El problema radica en saber cuánto respetará aquello que hoy plantea. Yo no le creo. Hasta ahora, solo me parece un impostor.

 
Renato
Cisneros

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