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Jueves 17 de Mayo del 2012

Columnistas | 23-04-2011 | Renato Cisneros

PLEITOS PARALELOS

 

Aunque formalmente la carrera electoral ha quedado reducida a dos competidores, hay más actores en este pleito. O mejor dicho, hay más pleitos en paralelo. Fuera de la pugna política entre Ollanta y Keiko, se han desencadenado confusos enfrentamientos colaterales que impiden un mínimo de reflexión de cara al 5 de junio.

 

Es curioso, porque mientras una mitad del país –ese 54% que votó en primera vuelta por Gana Perú y Fuerza 2011– pareciera estar más serena, más a la expectativa, o en todo caso menos ansiosa, la mitad restante se ha convertido en promotora de algunas polémicas harto improductivas.

 

Una de ellas tiene que ver con la posición de Mario Vargas Llosa, quien ha dicho públicamente que votará por Humala. Al mismo Nobel que en diciembre lo aplaudían unánimemente ahora se le tacha de inoportuno, de incoherente, de ser un picón que respira por la herida, de metiche, extranjero, etcétera. Al hacerlo, creo, se le da demasiada cuerda a un asunto que claramente no es tan importante. En este Perú recontra fragmentado no hay nadie, ningún líder que tenga capacidad de endose. Ni PPK, ni Alan García, ni Toledo. Tampoco Vargas Llosa. Nadie puede, a una sola indicación, direccionar el modo de pensar de ningún sector del electorado. En tiempos del Facebook  y el Twitter –ese intangible fortín en cuyos muros los puntos de vista más disímiles evolucionan con aterradora velocidad– no existe agente capaz de remolcar la opinión pública, ni opinión pública que necesite remolque. Como cualquier otro ciudadano, Vargas Llosa responde al ser consultado por un micrófono. Si los medios lo someten a esta especie de permanente sondeo de boca de urna, él no tiene por qué abstenerse de contestar. Ahora, que su opinión nos defraude o decepcione, más que un problema suyo, parece nuestro.  

 

Por otro lado, hay toda una conmoción respecto del manejo que se está haciendo de las líneas editoriales de los medios de comunicación. Personalmente –aunque creo que los medios tienen total derecho de tomar partido y decirlo abiertamente en sus editoriales–, me sorprende la velocidad con que algunos se han adherido a candidaturas tan poco democráticas como las que tenemos. Humala piensa controlar los medios. Lo dice su plan. ¿Alguien tiene duda de eso? Y el fujimorismo ya los controló. Por casi diez años. ¿Alguien puede olvidarlo? Ninguno de los dos aspirantes al poder merece el respaldo de la prensa. Sin embargo, ese respaldo –que en rigor es más empresarial que periodístico– existe.

 

El grosero error de ciertos medios radica en haber definido sus preferencias haciendo gala, no de sus convicciones, sino de sus miedos y paranoias. Allá ellos. Nuestro error sería hacerles demasiado caso, tomarlos muy en serio, creer que la información que discurre por sus páginas, parlante o canales, puede definir la votación. Nada de eso. Así como no hay actores políticos ni sociales con capacidad de endose, tampoco hay medios con suficiente liderazgo como para conducir el pensamiento de nadie. Lo único que tenemos es una población   que lo definirá todo en las urnas. Una población con dos hemisferios enfrentados. Una mitad está quieta, tranquila, esperanzada. La otra, lamentablemente, está ahí, atomizada, agotándose en refriegas que no hacen más que darle la razón a los ya no tan sorprendentes resultados del pasado 10 de abril.   

 
Renato
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